La enfermedad holandesa… en Irán

Irán ha sido constantemente criticado por su carácter teocrático y su apoyo a grupos terroristas. Además de ello, la reciente crisis económica deja entrever que Irán todavía cuenta con problemas internos, testigo del gran problema en la intersección de la política, la economía y la religión.

Muchos recibieron el año escuchando de protestas en la República Islámica de Irán sobre la situación económica en la que se encuentra. El gobierno tenía previsto, en el presupuesto gubernamental para el 2018, reducir los subsidios para los pobres y aumentar el precio del combustible para afrontar asuntos latentes, como la deuda. A pesar de ello, no se veía una mayor reducción en el financiamiento a grupos armados y organizaciones religiosas. Esta información se dio a conocer debido a un filtro lanzado el 28 de diciembre, y -juzgando por las protestas que le siguieron- nadie se detuvo a pensar si era una broma por el día de los inocentes.

¿Qué había llevado a Irán a esta situación, en primer lugar? Como respuesta a un presunto programa nuclear iraní, se lanzaron múltiples embargos de petróleo contra Irán. Dado que la economía iraní depende en gran medida de las exportaciones de petróleo, el 2015 se pudo llegar al Plan de Acción Conjunto y Completo, más conocido como el acuerdo nuclear de Irán. A cambio de que Irán se comprometió a no desarrollar armamento nuclear, todas las sanciones le fueron levantadas. Por más que haya extensivas discusiones sobre si Irán cumplirá los acuerdos, el tema de este artículo es qué efecto vemos en la economía iraní ahora.

Fuente: Fondo Monetario Internacional
Fuente: Fondo Monetario Internacional

Al parecer, sí se pudo recuperar. La contracción económica desde el 2012 hizo que el Producto Bruto Interno del 2015 fuera el más bajo desde el 2007 -es decir, ni la Gran Recesión dañó tanto a la economía como los embargos petrolíferos-. El 2017 -nada más dos años después- el PBI iraní superó los niveles del 2012. Lamentablemente, el desempeño macroeconómico no lo dice todo. Para hacer frente a la crisis, el Estado tomó medidas que afectaban a toda la economía, como el alza de impuestos. Ahora que ya pasó los embargos, el Estado continúa financiando a los grupos de interés, y no hay mayor cambio para la población en general. La mayor parte de la población asume los costos del apoyo estatal a grupos terroristas, aún cuando no se vea beneficiada por él.

Entonces, ¿quiénes están ganando acá? Al parecer, la clase alta de Irán, la cual no solo es dueña de las petroleras, sino que también abarca a varios clérigos influyentes con apoyo estatal. Mientras tanto, la crisis no solamente continúa para el resto de la sociedad iraní, sino que parece estarse haciendo más fuerte. Desde el 2015, la tasa de desempleo ha ascendido del 11 al 12.4% y entre los jóvenes se acerca más al 30%, comparada con el 25% del 2015. Si dices que esto solo son fake news con menos credibilidad que El Panfleto, acá viene un detalle: Reuters, –agencia que llevó la neutralidad al extremo al no referirse a Al Qaeda como terrorista– ha denunciado al conglomerado Setad como “el imperio comercial de Khumenei”, que se está beneficiando del acuerdo nuclear por reanudar sus actividades en el exterior.ir

Parece bastante claro que los demás sectores se están contrayendo mientras crece el de hidrocarburos. Este hecho, por sí solo, no debería extrañarnos. Es un fenómeno conocido como la enfermedad holandesa, en la que se descubre un recurso natural en abundancia -generalmente combustibles fósiles- y empieza a ser exportado. El crecimiento económico generado hace que entren capitales extranjeros para ese mercado, y estos terminan generando inflación.  Como estos capitales se van principalmente al sector en crecimiento, este tranquilamente puede asumir el alza de precios. Los demás sectores no corren la misma suerte y, como consecuencia, empiezan a contraerse.

No obstante, esta explicación no es suficiente. Como se especifica en el primer párrafo, el presupuesto incluye el financiamiento de colectivos religiosos y grupos terroristas islámicos que mantienen buenas relaciones con Irán. Entonces, la enfermedad holandesa no es únicamente un hecho económico, sino que en este caso es también político. El dinero del petróleo no solamente eleva la inflación, sino que también es instrumental en la perpetración de un gobierno que, además de tener favoritismos, es fuertemente autoritario.

Y en esto se gasta el dinero que obtiene Irán luego del retiro de sanciones
Y en esto se gasta el dinero que obtiene Irán luego del retiro de sanciones

Así, ver la situación desde un punto de vista únicamente político o únicamente económico no nos permite entender cómo es que ambos aspectos se desarrollan al unísono. Decir que la crisis es un caso de enfermedad holandesa no es incorrecto, como tampoco lo es señalar que Irán es una teocracia que financia terroristas con el presupuesto público. Sin embargo, si no entendemos ambas al mismo tiempo, nos perdemos de una de las mayores tragedias que ocurren cuando no se separa la política de la economía. Está lección no se aplica solo a Irán, sino también a Venezuela o Arabia Saudita, donde el dinero de hidrocarburos también se traduce en aumentar la influencia regional del gobierno.

Comenta este artículo