Algunos parecidos entre esta rica industria y lo que usualmente pasa en varias multinacionales, economías y, por qué no, países.

 

Hace aproximadamente dos meses, una reconocida compañía desarrolladora de videojuegos y clara líder de la industria, Bethesda Softworks, hizo público un proyecto que automáticamente destrozó lo que le quedaba de su otrora resplandeciente reputación. Esta compañía optó por crear un sistema de micro-transacciones para acceder a contenidos “originales” – o simplemente mods, para los entendidos en el tema– para dos de sus juegos más famosos: Fallout 4 y The Elder Scrolls V: Skyrim. Este sistema fue bautizado como el Creation Club y comenzó a operar a principios de septiembre. Ahora bien, ¿en qué se fundamentan las críticas de los fanáticos? En que muchos de estos contenidos “originales” ya han sido provistos por desarrolladores externos – los modders – y no aportan nada nuevo al valor de los juegos. Es más, hasta llegan a ser una calidad inferior a la presentada por los modders tiempo atrás – y eso que ellos lo hicieron prácticamente por amor al deporte. La cereza sobre el pastel es la posición de la compañía, la cual se cierra en que su contenido es mucho mejor, sin ningún sustento aparente.

Mucho se ha dicho acerca de este sistema: desde que representa todo lo malo con dicha industria hasta que es solo una mala pasada que no afectará la imagen de Bethesda en el largo plazo. Pero el verdadero miedo en la comunidad es que, si es que el Creation Club tiene éxito, se eliminen los contenidos gratuitos originales de mucha mayor calidad. El caso es que este incidente de relaciones públicas representa muy bien lo que sucede en grandes compañías y economías en todo el mundo.

mods

Imaginemos la siguiente situación. En un país, un producto muy demandado y apreciado se le ofrece a la población por un precio módico o, de plano, de manera gratuita. De pronto surge un nuevo actor poderoso – que bien puede ser un ente privado o público – que entra al mercado ofreciendo el mismo producto pero con una calidad mucho menor; sin embargo, promueve su venta con la excusa de que es “avalado por la empresa tal” o que es “respaldado por su calidad indiscutible”. Tarde o temprano, sean de peor calidad o no, la historia nos muestra que es muy probable que los productos creados por quien ejerza más poder invadan en el largo plazo el mercado. ¿Suena conocido?

Pues la verdad es que sí; y es que el caso de Bethesda y el Creation Club ejemplifica las malas prácticas que se llevan a cabo en distintos mercados, y en mayor medida, lamentablemente, en los cuales se comerci an productos y servicios básicos para la vida cotidiana. Tenemos un claro ejemplo en la industria farmacéutica, pues a principios del año 2016 salió a la luz un escándalo en torno a la gigante Big Pharma. En resumen, la compañía alargaba el tratamiento de varios pacientes para obtener mayores utilidades[1]. En el mismo año, se reveló que muchas empresas de la industria alimentaria “comprometidas” con la venta de productos orgánicos se aliaron con y no va a ser Monsanto y otras asociaciones para apoyar al DARK Act* y evitar que se dé información nutricional muy relevante[2].

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Inclusive, tenemos algunos casos importantes – y sobre todo recientes – a nivel de países. Por ejemplo, al clásico país – o dictadura – que cierra sus fronteras para “apoyar” a las industrias nacionales, en el cual se  manda bien lejos ignora los principios más básicos de la ventaja comparativa y se intenta producir hasta la tela en la cual se imprimen sus billetes. Un ejemplo que se viene a mi casi 3 millones de juguetes que iban a ser vendidos, lo cual podría ser sensato – de alguna maquiavélica manera – si no se hiciese faltando dos semanas para la fiesta, justificándolo como una estafa masiva. Ahora que lo pienso, el ejemplo venezolano va mucho más allá; pues no se restringe simplemente el comercio de algo mucho de mayor calidad, sino que de plano te prohíben comprar algo que te da cierta utilidad. No es de extrañar que en contextos así te vendan hasta el más básico alfiler al doble o triple del precio original porque naturalmente se hace más caro producir cualquier cosa si es que vives en una dictadura. Obvio, los fabricantes de alfileres buenos, bonitos y baratos no se verán afectados, porque ya estarían quebrados a kilómetros de distancia de las fronteras del país en cuestión.

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En síntesis, el común denominador en torno a este mutado price gouging es que hay un grupo con más poder – que bien podría ser Bethesda o una farmacéutica multinacional – que hostiga al otro a aceptar sus términos. Además, es de notar que se den casos como estos en varios países en todo el mundo, incluso en los más desarrollados. Pero aún más interesante es que muchas veces las masas respondan positivamente a estas prácticas y eso sí da mucho que pensar.

No es la primera vez en la historia que el consumidor y el productor se mechan de esta manera, y ni en broma será la última. La clave es saber qué es lo verdaderamente justo y qué prácticas van en contra de ello. Ese aspecto, tanto en la industria de los videojuegos como en la farmacéutica o la alimentaria, en incluso en algunas grandes economías, será el que marque la diferencia entre la sana competencia y el abuso cuasi-monopólico.

*DARK Act: “Deny Americans the Right to Know” Act, por su siglas en inglés.

Si te interesa el caso de las farmacéuticas: http://www.dailymail.co.uk/health/article-3460321/How-Big-Pharma-greed-killing-tens-thousands-world-Patients-medicated-given-profitable-drugs-little-proven-benefits-leading-doctors-warn.html

Si te interesa el caso de Whole Foods y el DARK Act: http://www.naturalnews.com/055728_Whole_Foods_GMO_labeling_Dark_Act.html

Si te interesa el caso de la industria alimentaria: https://www.forbes.com/sites/larryolmsted/2016/07/11/fake-food-scandals-a-bad-year-for-food-lovers/#6dcdb1cbe75b

Si quieres ver como Maduro se robó la Navidad D: http://edition.cnn.com/2016/12/10/americas/venezuelan-government-toy-seizure-grinch/index.html

[1] No te podemos dar una cura – que sí tenemos –, pero te damos paliativos por mucho tiempo, es más, fijaremos los precios – en todo el mundo – para que sea más justo.

[2] Si ya consumes químicos en tu desayuno ¿qué problema hay con que las tomes también en la cena?