Un poco de plata es mejor que nada… ¿o no?

Dicen que recibir algo, aunque sea poco, es mejor que nada. Todo esfuerzo debe ser recompensado aunque haya sido realizado por voluntad propia porque… todo suma, ¿no? Me pregunto qué pensarías si te digo que en realidad estas pequeñas recompensas que puedes ofrecer a un trabajo voluntario no hacen más que reducir la cantidad ofertada del mismo. Sé que puede sonar descabellado y sin sentido; pero no, no te estoy engañando. Una vez más me respaldo en la teoría económica y la evidencia empírica para demostrar la irracionalidad de los lindos agentes representativos.

Wait... what?
Wait… what?

“A ver, ¿cómo es que dijiste? Es que creo que no te he entendido” De acuerdo, vamos a ir por pasos. Primero, es necesario entender cuál es la “racionalidad” detrás de esto. Yo sé que todos recordamos nuestra primera clase de Eco 1 y uno de los 50 mil principios de economía de nuestro querido master Mankiw dice: “la gente responde a incentivos”. Bueno, para que una persona decida realizar una acción es porque efectivamente hay un incentivo detrás. Más aún, existen dos tipos de motivaciones o incentivos: intrínseco y extrínseco. El primero podemos decir que es ese bonito sentimiento que experimentas cuando ayudas a un ciego a cruzar la calle y al mismo tiempo te hace sentir menos mal por el desmadre que hiciste el fin de semana pasado. Es decir, es más una motivación moral, pues nadie te ha pagado por ayudar al ciego a cruzar la calle (asumo). El segundo es un incentivo tangible como el dinero, ese que usas para consumir mucho alcohol los bienes que te generan utilidad.

Incentivos contraproducentes (?)
Incentivos contraproducentes (?)

Entonces, cuando una persona realiza un trabajo voluntario es porque eso la hace sentir bien consigo misma, en otras palabras, hablamos de una motivación puramente intrínseca. Sin embargo, sucedió algo curioso hace algunos años: a alguien se le ocurrió recompensar a estas personas por su ayuda en la construcción de casas para gente sin hogar. Lo curioso viene cuando, tras ofrecer unos vales de dinero a quienes ayudaron, la cantidad de personas que colaboraban disminuyó. Esto ocurre porque al ofrecer estos vales estás cambiando el tipo de incentivo al que esta persona responde: ya no es más realizarlo por sentirte bien contigo mismo, sino por el dinero que te están ofreciendo. Pero la cosa es que en estos trabajos voluntarios el monto no es muy alto y es ahí cuando la persona empieza a preguntarse si realmente su tiempo vale lo que están ofreciendo a cambio.

A este cambio del tipo de motivación que lleva a la reducción de la oferta se le conoce como crowding out theory y ha sido ampliamente analizado en el campo económico. No solo ocurre con incentivos económicos positivos sino también con multas. Un ejemplo claro de esto se dio hace algunos años en una guardería. Se observó que algunos de los padres se demoraban en llegar a recoger a sus hijos y esto molestaba a los profesores. Entonces como respuesta el director decidió imponer una multa a los padres que llegaban tarde. Obviamente el director no tuvo tiempo de leer sobre esta teoría pues después de introducir la multa el número de padres que llegaba tarde… ¡aumentó sustancialmente! Nuevamente solo debemos ponernos a pensar en las motivaciones. Los padres tenían la desmotivación intrínseca por hacer que los profesores se quedaran y por eso evitaban llegar tarde. Una vez introducida la multa cambió el tipo de motivación a extrínseca, pues sentían que al pagarla compensaba el tiempo perdido de los profesores. Lo peor de todo es que una vez quitada, el número de padres tardones no volvió al número inicial 🙁

Eso para cuando no eres economista
Eso para cuando no eres economista

Espero que con esto hayas entendido por qué no debes ofrecer ningún tipo de incentivo monetario a alguien que decide ayudar por voluntad. Si la persona quiere ayudar, déjala y no te metas con los incentivos ni con la economía o terminarás cuidando muchos niños hasta la medianoche.

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