¿Alguna vez te sentiste preocupado porque no sabías por quién votar? ¿Eres de las personas que vota por el mismo candidato que el de su grupo de amigos? ¿Qué hay detrás de la decisión de votar por algún candidato? #Racionalidad(?)

Diversas investigaciones señalan que, por mucho que meditemos y que hagamos una lista de razones antes de las elecciones, el cerebro político es principalmente emocional. En este sentido, el voto se decide con una máquina que pone los sentimientos sobre la verdadera racionalidad. Las decisiones que parecen racionales, lo son porque uno cree que ha convencido a la emoción; sin embargo, la realidad es que casi se han invertido los papeles. Es por ello que, por ejemplo, muchas veces las personas que viven bajo un contexto de crisis económica, tienden a elegir a los candidatos más “populistas” creyendo que están tomando una decisión racional. No obstante, esto no implica que se esté eligiendo lo mejor ni la opción más racional. #AlanTimes

¿En tupper o lonchera?

¿En tupper o lonchera?

Por otro lado, el factor de la irracionalidad no solo se encuentra en el voto hacia lo “más populista”, sino que también muchas veces se encuentra en la elección por la aparente opción más segura, como votar por el mismo candidato para una reelección #Chino #Disolver. Pensémoslo así: si un día vas a comer a un restaurante en el que conoces pocos platos de la carta, lo más probable es que decidas comer un plato conocido a comer uno diferente. Este fenómeno es muchas veces repetitivo, puesto que los individuos son adversos al riesgo, es decir, los individuos odian probar otras opciones y prefieren irse por la “opción más segura”.

#NoEsPlagioEsCopia

#NoEsPlagioEsCopia

Durante las elecciones de 1976 en Estados Unidos, se realizó un estudio para determinar si los votantes con una afiliación política marcada cambian su opinión sobre los candidatos de su preferencia. Con una muestra de 500 electores, a los que se les intentó persuadir sobre el cambio de voto, solamente 16 cambiaron de opinión y votaron por el otro partido.

Si bien las personas con una afiliación política marcada cambian su voto difícilmente, estas pueden modificar sus preferencias cuando existe un shock tan fuerte que cambie su perspectiva sobre los candidatos. Por ejemplo, en el caso peruano, durante las elecciones del 2016, el candidato a la presidencia Alfredo Barnechea tuvo un crecimiento en la intención de voto hasta que se hizo viral el video en el que evitó caer en la tentación y siguió la dieta rechazó un trozo de chicharrón y, desde ese entonces, su popularidad comenzó a caer.

#PrayForUs

#PrayForUs

En un estudio realizado en el área de la neurociencia del voto en el 2004, se mostró a los votantes (y sujetos del experimento) declaraciones contradictorias de los candidatos George W. Bush y John Kerry. Bush aparecía en una escena en la que reconocía la labor de los soldados en Irak y prometía servicios de salud gratuitos para los veteranos. Posteriormente, se le informaba al sujeto del experimento que ese mismo día había suspendido el beneficio médico a 164 mil veteranos. Kerry, por su parte, caía en marcadas contradicciones sobre su posición sobre la guerra de Irak, votando a favor como senador y luego dando a entender una posición diametralmente opuesta durante su campaña. Así, se llegó a determinar que los más fieles partidarios empleaban áreas del cerebro relacionadas con el control de las emociones. Pero, los sujetos no estaban analizando calmadamente los hechos, sino estaban usando la razón para preservar la certidumbre de su preferencia política. Y, una vez que lograban una interpretación favorable de la evidencia, sin importar las contradicciones, se encendían los circuitos de recompensa y experimentaban descargas de apacible emoción.

#MinimizandoCostos

#MinimizandoCostos

En conclusión, la neurociencia nos confirma que estamos decididos a mantener nuestras opiniones ante los hechos que ponen en “jaque” a nuestro cerebro, tales como las contradicciones de los candidatos de nuestra preferencia. Y que estamos decididos a mantener nuestras opiniones, puesto que siempre optamos por la “opción segura” y, a toda costa, evitamos tomar riesgos. Es decir, preferimos optar por lo más fiable y evidente.

Editado por Claudia Barraza