Estamos expuestos constantemente a estímulos sensoriales: luz, sonido, olor, color. En la ciudad, son tantos estímulos que buscamos aislarnos de las distracciones y huimos para poder relajarnos y pensar. Lo mismo puede decirse de la cantidad de información que recibimos, especialmente de la que contradice nuestras creencias y opiniones. Al igual que nos cerramos al exceso de estímulos sensoriales, reaccionamos con cinismo a nueva información no placentera.

Entre la niebla, así es la búsqueda de la verdad

Es probable que, si hemos pasado mucho tiempo investigando un tema, descubriremos algo increíble que querremos compartir con todos, una idea tan importante que sentimos la necesidad de esparcirla. Pero si soy un Don Nadie, ¿cómo la comparto? Demasiada gente pelea por atención y, ¿cómo confiarían en mí?

Uno puede dejar de ser un Don Nadie y ampliar su alcance, o discutir en grupos con la esperanza de contagiar su idea. La teoría de la masa crítica (Schelling, 1971) propone que una serie de cambios personales pueden llevar a cambios sociales cuando se alcanza un suficiente número de mentes convencidas. Respecto a este punto, la tecnología presenta un problema. ¿Qué sucede cuando una idea es viral un momento y reemplazada por otra al siguiente? Pues sencillamente nos tornamos insensibles a nuevas ideas, ya que mañana habrá otra. La exposición a los hechos definitivamente no garantiza su entendimiento.

Combates ideológicos en la oscuridad

Cuando alguien se deprime nunca es por falta de conciencia, sino por reconocer una condición que parece insuperable. Si el deseo por la felicidad se vuelve más importante que el deseo de vivir en la realidad, comenzamos a imaginar rutas de escape.

Frente a la impotencia, compartir experiencias simpatizantes con el dolor solo empeora las cosas, y el internet se ha vuelto una excelente herramienta para la agonía colectiva. Allí encontramos alimento para nuestra ilusión en otros que aceptan la misma mentira que uno. Sí, en efecto alivia, pero el deseo de compartir ese alivio puede reemplazar a la búsqueda de verdad. Especialmente cuando la verdad no ofrece muchas alternativas hacia la felicidad si aceptamos que la idea que amamos pueda ser falsa (Vidal, 2013).

Para algunos, entender la condición humana sin esperanzas de superarla puede ser confirmación de que no vale la pena vivir y es mejor rendirnos al abismo. La esperanza es algo invisible que se enfrenta al miedo de lo visible. Cuando tenemos miedo de saber la verdad, es difícil mantener la compostura; como dice el famoso poema de Thomas Gray, “Donde la ignorancia es una bendición, es una locura ser sabio.” Bueno, si priorizamos la felicidad, conviene abandonar la sabiduría. ¿Qué elegir?

Grandes imperios del pensamiento que van y vienen

Para los filósofos griegos del pasado como Sócrates, “conocerse a uno mismo” no era entender lo que sucedía por dentro, sino conocer tu destino, revelado en acertijos y oráculos. La modernidad transformó el significado de “destino” de tal manera que la emancipación humana ya no era mediante el conocimiento, sino del control de nuestro propio destino. Con el hombre al volante, los oráculos se convirtieron en embusteros. El mito se volvió sinónimo de la mentira; y la tradición, del apego al pasado. En el pasado, la verdad conectaba al individuo a una historia común; en el siglo XXI, hay muchas posibilidades que dependen de decisiones individuales (Luhmann, 1998).

El significado de la existencia, por ende, no puede ser hallado simplemente a través de la búsqueda interior. El “yo” y el “otro” son conceptos que se necesitan mutuamente para existir. La modernidad rechaza el valor de un significado existencial compartido cuando declara que todo significado que creamos es personal (Nubiola, 2001).

Podemos distinguir figuras, pero no podemos demandar claridad

Esa ruptura entre el “uno” y el “otro” es más profunda que la separación entre personas. Por ende, no puede deshacerse con una simple unión humana, porque es la separación entre la humanidad y lo que nos hace humanos. Solo podríamos resolverla si fuese creada por nosotros mismos, pero hay una diferencia entre crear una ruptura y elegir el camino que lleva a la ruptura. La modernidad insiste en que somos autores de nuestra existencia y podemos resolver la ruptura.

Sin embargo, la verdad no se encuentra a nuestro alcance e, incluso si lo estuviera, ¿sería más importante que nuestra libertad de aspirar a la felicidad o escapar del dolor?

Edición: Paolo Pró

Referencias:

  • Schelling, Thomas C. (1971). “Dynamic models of segregation”. The Journal of Mathematical Sociology. Informa UK Limited. 1 (2): 143–186.
  • Luhmann, N. (1998). Complejidad y modernidad: de la unidad a la diferencia. Madrid: Trotta
  • Vidal, Josep. (2013). La búsqueda de la realidad o de la verdad: una aproximación a partir de la teoría sociológica. Cinta de moebio, (47), 95-114. https://dx.doi.org/10.4067/S0717-554X2013000200004
  • Nubiola, Jaime (2001). La búsqueda de la verdad en la tradición pragmatista. Tópicos, (9),183-196. ISSN: 1666-485X.
  • Arte: J.M.W. Turner
    • Fort Vimieux (1831)
    • Snow Storm: Steam-Boat off a Harbour’s Mouth (1842)
    • Fishermen at Sea (1796)
    • The Decline of the Carthaginian Empire (1817)
    • Light and Colour (Goethe’s Theory) – The Morning after the Deluge – Moses Writing the Book of Genesis (1843)