La Guerra en Ucrania ha sucedido en un contexto geopolítico en el cual los intereses estadounidenses han mirado más hacia el Pacífico que hacia el Atlántico. En medio de la Guerra de los Microchips y la industrialización del Sudeste Asiático, China llevaba tiempo acaparando la atención de los Estados Unidos, con iniciativas como la reactivación de Quad, cuando Vladimir Putin movilizó sus tropas a través de la Estepa Póntica.

Si bien la administración del presidente Joe Biden ha contribuido con armamento y liderado la imposición de fuertes sanciones comerciales contra China, su gestión podría terminar en menos de un año. A estas alturas, parece claro que Donald Trump será nuevamente el candidato del Partido Republicano, y su posible victoria facilitaría que esta situación se replique en otras regiones de Europa. Como muchos sabremos, el hombre naranja ha dicho que no protegería a un miembro de la OTAN que no haya destinado el 2% del PBI a la defensa militar, como exige tal organismo.

“Yo no los protegería. De hecho, los alentaría a que hagan lo que quieran con ustedes.”
Fuente: Sam Wolfe/Reuters

En este caso, ¿qué pasaría si los Estados Unidos, ya sea por un cambio de gobierno o porque China aprovechó la situación para anexar Taipei Chino, tuviera su atención desviada del continente europeo? A estas alturas de la invasión a Ucrania, ya conocemos el modus operandi del presidente Vladimir Putin. No importa cuántas bajas haya que aguantar, él ha demostrado ser un fiel seguidor de la estrategia estalinista de la “guerra de desgaste”, doctrina que le permitió sobreponerse a la contraofensiva ucraniana. Incluso si perdiera la guerra llevada a su conclusión, la atrición que esta causaría en suelo enemigo sería suficiente para que los miembros de la OTAN prefieran negociar y ceder ciertos territorios.

Si el escenario anterior suena inimaginable en países como Polonia, es porque hasta ahora, los Estados Unidos habían estado garantizando la defensa de la región, pero sin ellos, quedan pocas alternativas. Sí, Francia y el Reino Unido cuentan con armamento nuclear, pero están imposibilitados por ley de usarlos a menos que se trate de materias de seguridad nacional inmediata. Y aunque enmendaran tales restricciones, se estarían enfrentando al arsenal nuclear más grande del mundo, motivo por el cual este recurso tampoco bastará. Sin este último recurso, dada la escasez de suministros que está experimentando Ucrania, Rusia va a tener pocos problemas para realizar otra invasión, en vista de que este país produce más misiles de artillería que toda la Unión Europea.

Por lo tanto, una invasión subsecuente a Ucrania ya no es una situación especulativa, hecho que algunos gobiernos ya están internalizando. Y los preparativos de guerra ya han empezado en el Báltico. De momento, Letonia ha restablecido el servicio militar obligatorio, y Estonia se encuentra reforzando su frontera oriental con búnkeres. Esta región, por su situación geográfica, es la que se encuentra más vulnerable y resulta más atractiva para Rusia.

La clase Visby, fabricada por Kockums para la Marina Real Sueca, es la primera y una de las pocas series de corbetas furtivas
Fuente: Jesper Olsson/Wikimedia Commons

En medio de estas circunstancias, la última esperanza que le quedará al Báltico sería un anterior colonizador: Suecia. El año pasado, el país nórdico finalmente rompió su política bicentenaria de neutralidad y fue admitido a la OTAN. Además de otorgarle a esta alianza el acceso a la poderosa industria militar sueca, se podrá disponer de las bases militares de la isla de Gotland. No solo esta representa el mejor punto estratégico desde el cual aprovisionar a sus aliados en la costa oriental, sino que también se facilitará la labor de bloquear el puerto de San Petersburgo, construido por el archienemigo del Imperio Sueco tres siglos atrás, en caso sea necesario. Con ello, además de impedir el grueso del comercio ruso con el exterior, se podría lograr aislar a Kaliningrado del resto de Rusia. Con esta ficha en la mesa, la OTAN podría conseguir suficiente poder disuasivo.

A lo largo de la Edad Moderna, Europa fue caracterizada por guerras constantes en una sucesión que fue muy difícil de romper hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Aunque muchos puedan considerar la Guerra Serbo-Croata o la Invasión de Ucrania como exabruptos, la verdad es que la paz ha sido una anomalía en la historia europea. Los Estados miembros de la OTAN, si llegaran a salirse del paraguas estadounidense que antes los protegía, tendrán que asumir la responsabilidad de la defensa propia como en los viejos tiempos.