En Filipinas se encuentra totalmente prohibido el divorcio. Gracias a esta restricción se ha salvado miles de matrimonios, a costa de las diferencias, infidelidades y frustraciones de los esposos. Quizá con esta veda, los padres de mi amigo no se hubieran separado y, probablemente, no estaría viviendo con sus tíos a quienes tanto odia. Tal vez, pero no: ellos no son filipinos. Es una ley bastante dura. A sus residentes casados no les queda más que odiarse entre ellos hasta sus últimos días, a puertas del tan ansiado nacimiento del tataranieto. Duterte, presidente del país, un hombre severo. Quién se vea en sospecha de una separación será lanzado por la terraza del edificio de una casa televisora y su culpable cadáver será lanzado a las aguas del Océano Pacífico para, posteriormente, ser baleado por piratas. Me parece extraño que este tipo de casos sea ignorados por el público, como también me impresiona que Kidding, la última serie producida por Jim Carrey y Michel Gondry, vaya a seguir ese sendero del desconocimiento popular.



Jeff Pickles (Jim Carrey) es un hito de la televisión. Presentador del programa infantil más importante de los últimos años, es seguido por millones de fanáticos: desde el jefe de la policía hasta el tipo que vende marihuana medicinal. Bondadoso, prodigo, no dudaría en donar su riñón para salvar a una persona. Todos observan en él una forma de vivir ejemplar; sin embargo, su vida personal es una suerte de desventuras. Desde niño, ha atravesado diversas tragedias familiares: abandonos, abusos, pérdidas. En el presente, todo ello se ha juntado y la muerte de su hijo ha sido el punto de quiebre. Los distintos golpes lo obligarán a discernir los escenarios fantasiosos de su programa infantil con lo crudo y golpeante de la realidad, además del cómo enfrentarlo. La travesía de aceptar el duelo y la separación de su familia debido al divorcio con su esposa permitirá que Jeff encuentre una forma de catarsis en su show, mostrándole a los niños ideas como la muerte y el distanciamiento familiar.

No es la primera obra que Michel Gondry y Jim Carrey trabajan juntos como director y actor, respectivamente. Ambos participaron en Eternal Sunshine of the Spotless Mind, una película sobre el amor y los recuerdos, con un toque de surrealismo cada cierto tiempo. Realizaron un trabajo espectacular y si hay alguna razón para ver Kidding, es por el resultado de ese filme. Toca temas humanos e intimistas –esos que tocan fibra al espectador–, recurrentes en su filmografía, se mantienen.



Kidding es una tragicomedia cargada por momentos de humor negro. No destaca su drama o su comedia, pero es de resaltar lo armonioso y bien equilibrado en cada capítulo. De hecho, diversas escenas, como las del paso del tiempo, se notan que están meticulosamente coreografiadas, similar a esa famosa secuencia de la primera temporada.

El eje central de la serie es la evolución de Jeff Pickles, un hombre puritano, ingenuo y alejado de su realidad, un tipo que conoce lo peor del ser humano, cuando experimenta de cerca el poner a su familia en peligro por su culpa. Obligado a adaptarse a los cambios, buscará darles esta lección a los niños fanáticos de su programa. De mostrar canciones vagas acerca de los colores hasta sincerarse y hablar frente a cámaras sobre la muerte de su hijo. El show inerte e inexpresivo pasó a convertirse en un segmento catártico del protagonista, logrando así el odio de millones de padres que solo buscaban un poco de entretenimiento para sus hijos en la televisión. No le puedes caer bien a todos –le dicen a Jeff durante una discusión de su personalidad–, incluso hubo personas que odiaban a Jesús.



Con un moderado rating, la serie culminó su segunda temporada y se despidió de la pantalla este último domingo (dudo mucho de nuevos capítulos futuros). El capítulo final nos muestra que no puedes volver atrás en el tiempo y lo fundamental que es afrontar los golpes de realidad. Un desenlace donde los personajes buscan una nueva esperanza después de encontrar la paz, a pesar de cualquier altibajo.

Cada capítulo dura media hora y el papel de Jim Carrey se encuentra en estado de gracia. Como en sus mejores épocas de antaño, como cuando participó en Man on the Moon o The Truman Show. Por mi parte, la recordaré con fervor. Además, no tenía idea de que Ariana Grande tenía el tatuaje de un Eevee.

Editado por: Kelly Pérez