No todos los libros que leemos nos acompañan a lo largo de la vida. Hay libros que olvidamos ni bien se cierra la última página; otros tantos, que los recordamos al doblar una esquina,  cruzar una calle, o al ver a su protagonista en los ojos de la persona que tenemos al frente. Son pocas las historias que logran perdurar en el tiempo —y que logran permanecer en nosotros a pesar de los años—, con personajes que salen de sus páginas para darnos el encuentro mientras uno anda ocupado con las cosas diarias de la vida. Creo por eso, no hay mejor ejemplo el cerca de medio millón de lectores que, según los recientes cálculos de la Biblioteca pública de Nueva York acaba de publicar por sus 125 años de fundación, destacan al libro más prestado de la ciudad.El autor: el escritor ingles, George Orwell. El libro: 1984.

Escrito luego de finalizada la segunda Guerra Mundial, en un inicio Orwell tenía en mente contar una historia acerca de la vida de la post-guerra en los paises fascistas, tomando como ejemplos Italia y Alemania. Sin embargo, un viaje realizado a la Unión Soviética, cambiaría el rumbo de historia de los personajes por completo. Tomando como punto de partida lo visto en la tierra de los zares, Orwell nos introduce con desconcertante lucidez en una distopía asfixiante (historia irreal, inventada, ficticia), de una Londres futurista que vamos conociendo de la mano de su protagonista, Winston Smith. En el mundo de 1984 todo es distinto, empezando por el hecho que Inglaterra ha perdido la segunda Guerra Mundial, y a mitad de los años 80´s no es Queen ni The Clash lo que se escucha a diario en las calles londinenses, sino las órdenes de el “Gran Hermano”, dictador (jefe) del país que por medio de pantallas gigantes ubicadas en distintos puntos de la ciudad ordena a la gente la manera en que debe de comportarse. Winston, un hombre cansado y cada vez más pesimista de la sociedad que le rodea, empieza a cuestionarse si es correcto seguir los deseos de un pequeño grupo de personas que dirigen el Estado totalitario y deciden por millones de personas.

¿Por qué sigue siendo el libro más prestado de Nueva York? ¿Qué tiene el libro que sigue seduciendo en la actualidad a miles de lectores  a pesar de ser una historia que cambia los hechos de la realidad? Lo inquietante de la novela es quizás, que a pesar de ser un relato alternativo a la historia verídica, muchas cosas que Orwell se planteó han cobrado vigencia en la actualidad.

Micrófonos que graban las convesaciones de Winston Smith en su habitación, son el equivalente hoy en día a los micrófonos de los ordenadores o de nuestros teléfonos móviles. Los dos minutos de odio en los cuales cada trabajador tiene el tiempo de volcar toda su ira a los miembros del partido opuesto, es algo parecido a lo que hoy días encontramos en Twitter, con la diferencia que no es un odio por obligación, sino por vocación.

A pesar de presentarse por medio de pantallas gigantes desplegadas por toda la ciudad, el “Gran Hermano” se convierte en otro personaje más de la historia, y es el quien decide por cada ciudadano, recopilando información del entorno de cada individuo. Para encontrar algo semejante actualmente no es necesario salir a las grandes plazas para comprobarlo, pues los tenemos dentro de casa. Servicios como Google Home, Alexa Amazon, e incluso Facebook saben más sobre nuestros gustos, pasiones o miedos que nosotros mismos, y en cada click por la web tratan de manipularnos con publicidad, que es una manera menos llamativa de tenernos controlados.

En 1984, a los ciudadanos se los somete periódicamente al estudio de nuevos tipos de lenguaje con el propósito de reducir al máximo la comunicación entre personas pues se cree que pueden conspirar en contra de el “Gran Hermano”. Nada más parecido a la realidad son los ya consagrados emojis, que para muchos son el lenguaje del futuro debido a su simpleza y universalización.

Son solo algunos casos en los cuales Orwell estableció lo que ocurriría en 1984, y que por coincidencia o acierto viene ocurriendo diariamente alrededor del mundo. Es muy posible que el hecho de que el libro sea atemporal se deba a la repercusión que sus ideas han tenido en la actualidad, pero también creo que sería injusto seguir etiquetando a 1984 como un libro de ciencia ficción, puesto que es el claro ejemplo en donde la realidad supera la ficción; y la actualidad lo hace con creces. Me es casi extraño tratar de imaginar alguna cara de asombro o extrañeza en algún nuevo lector que se decida a prestar 1984 en la Biblioteca de Nueva York. Es muy posible que ese nuevo lector encuentre en las primeras páginas del libro, la actualidad más realista y directa de cómo las personas logramos convivir en pleno 2020. A no ser que sea un lector muy minucioso y por interés —o también por accidente—, de vuelta a la tapa del libro y se de cuenta entonces que George Orwell publicó el libro en 1949.