Sin importar la cultura a la que pertenezcas, es casi imposible no haber escuchado sobre estos entes incorpóreos. Muchas veces quienes hemos creído ver fantasmas también los hemos sentido, olido y escuchado. Así que, querido lector, echando mano de la ciencia y, al mejor estilo de Scooby-Doo, descubriremos qué se oculta detrás de este misterio. 


En 1998 el ingeniero Vic Tandy publicó un estudio en The Journal of the Society for Psychical Research, que cambiaría la idea, hasta ese entonces,  de que estas visiones se relacionaban  únicamente a trastornos psicológicos. Aquí él relaciona las apariciones fantasmales, sensaciones de terror y tristeza con los infrasonidos. Él, después de una experiencia “paranormal” en su propio laboratorio, decide emplear el infalible método científico (Observación, hipótesis, Experimentación, Medición, Falsabilidad y Repetibilidad). Llegando a la conclusión de que un ventilador recién instalado estaba provocando una frecuencia de 18.9 Hz (Infrasonido), la cual había estado generando en él y en sus compañeros de trabajo visiones fantasmales, sensaciones extrañas, miedo, lo que habían asociado con una presencia paranormal. Dos años después volvería a publicar un estudio donde comprueba su teoría, pues halló/detectó las mismas frecuencias en un edificio supuestamente embrujado.

     Cabe resaltar que el “embrujo” fue eliminado cuando se descubrió y retiró la fuente del infrasonido que generaba que muchas personas aseguraron que habían visto fantasmas.

El infrasonido que puede provocar un ventilador (o distintos tipos de aparatos) generan alucinaciones que solemos relacionar con fantasmas.

¿Qué son los infrasonidos? El oído humano está capacitado para oír ondas acústicas entre 20 y 20000 Hz (espectro audible), las ondas con una medida inferior a esta serán denominadas infrasonidos y por el contrario las que superen esa medida se les llamará ultrasonido. No podemos oírlos, pero nuestro cerebro los detecta y es nocivo para el cuerpo humano, puede generarnos dolor de cabeza, sudoración, visión borrosa, alucinaciones, etc., según señalan diversos estudios en el campo de la salud, ingeniería acústica y psicología.

Por otro lado, la percepción extrasensorial y de fenómenos paranormales han sido relacionados con psicopatologías desde ya mucho tiempo atrás, pero existe otro aspecto importante de la psicología humana a considerar, “El inconsciente colectivo”. Este término fue acuñado por Carl G. Jung, y señala que el hombre le dará un sentido a lo que lo rodea basado en lo que se le ha enseñado y esa enseñanza se transmite por generaciones. Es decir, si nunca hubiéramos aprendido sobre la existencia de los fantasmas, ¿Creeríamos en ellos?

Las experiencias fantasmales no han pasado más allá de los relatos, es decir, no existe prueba tangible de ellos. Para poder visualizar a un fantasma este tendría que tener materia, ya que nuestros ojos pueden percibir eso, la materia, por lo tanto, debería regirse bajo las leyes de esta y al día de hoy existen muchos aparatos capaces de detectarla y medirla. Por ello deberíamos poder tener pruebas de eso que todos “ven” si la imagen existiera fuera de nuestro cerebro. En el libro “El mundo Invisible” el biólogo Daniel Barona nos invita a hacer una reflexión más detallada de esto, y señala ciertas adaptaciones evolutivas que pueden estar implicadas en la idea de ver fantasmas, como la apofenia (que implica crear falsas relaciones de causa y efecto)o la pareidolia (nuestra capacidad de detectar patrones, como rostros en base a simples manchas).

Le preguntamos a Daniel Barona, quien nos dio gustoso una entrevista, cuál era su posición frente a este tema. “Soy escéptico y reconozco que la ciencia no siempre puede dar una explicación satisfactoria a todo aún, pero es un excelente instrumento para llegar a explicaciones reales”.

El biólogo nos dio alcances sobre diversas explicaciones a estas experiencias. El cerebro genera una percepción de la realidad, ejemplo claro de ello es la ceguera por falta de atención, descrita en el libro “El gorila invisible”. Explica cómo el cerebro elimina objetos del ambiente para que canalicemos nuestra atención en la tarea que estamos realizando, por ejemplo, si tuviéramos un gorila que aparece en nuestro panorama, no notaríamos que está ahí.

“También debemos considerar el sentido de trascendencia del ser humano, que nos lleva a querer creer que hay algo más allá de la muerte, que la vida no puede terminar en lo que somos ahora, y de esta forma, validar las apariciones de fantasmas es validar esta necesidad humana de trascender” señala.

Le preguntamos a Barona qué otras explicaciones tenemos para estas alucinaciones. En sus palabras, “Hay muchas más maneras de explicarlo, por ejemplo, la presencia de un tumor cerebral, la estimulación del lóbulo temporal, pero siempre que algo sucede debemos optar por la respuesta más plausible.”      

Finalmente le preguntamos qué hacer si nos vemos envueltos en una experiencia paranormal. “Sean curiosos, apliquen el pensamiento crítico, el humano suele ser intuitivo y la ciencia no, si a mí me pasara claro que me asustaría como todos, pero luego averiguaría qué es lo que realmente está sucediendo. La diferencia entre Vic Tandy y un niño que ve un fantasma es que el primero es un ingeniero y tiene formado el pensamiento crítico, mientras que el segundo actuará por instinto”.

Cerraré este artículo invitándolos a cuestionar siempre todo lo que los rodea y a ser conscientes de lo maravilloso y capaz que es nuestro cerebro, que puede hacer cosas realmente impresionantes y cuya explicación muchas veces supera a la ficción.