Hoy conmemoramos una de las festividades más importantes del año: el Día del Padre. Una de las celebridades más tradicionales del último siglo y que sirve para estrechar lazos con aquella persona que consideramos figura paterna. Sin embargo, no todos los padres tienen buenas relaciones con sus hijos. Esto puede desembocar en resentimientos, inseguridades o, con suerte y talento, en clásicos literarios (?). Así, para celebrar este día hablaremos sobre una de las relaciones padre-hijo más conflictivas pero prolíficas en cuanto a literatura se refiere: la relación entre Hermann Kafka y su hijo Franz.

“Hace poco me preguntaste por qué digo que te tengo miedo. Como de costumbre, no supe darte una respuesta, en parte precisamente por el miedo que te tengo”

Carta al Padre de Franz Kafka

Un poco de historia

Para entender la influencia de esta mala relación familiar en la producción literaria del autor de obras notables como “La metamorfosis” o “El proceso”, es necesario recordar el entorno donde creció. Franz Kafka nació en 1883, y fue el hijo mayor de Hermann Kafka y Julie Löwy, una familia judía que sufrió la pérdida de dos hermanos varones al poco tiempo de nacer. No obstante, tuvo tres hermanas: Elli (1889-1941), Valli (1890-1942) y Ottla (1892-1943). Para cuando Kafka nació, su padre, Hermann, se había establecido en Praga como propietario de una tienda de ropa y accesorios de moda para caballeros. Sin embargo, siendo el cuarto hijo de un carnicero pueblerino, Hermann carecía de la educación y el refinamiento característico de las filas privilegiadas de la clase media judía asimilada.

La situación contraria pasó con su madre, Julie, quien provenía de una familia con un entorno menos adverso y más acaudalado. Así, Hermann Kafka era un negociante próspero que trabajaba duro para proporcionar a su familia todas las comodidades materiales y, a cambio, exigía de los parientes su entrega incondicional. El vivo ejemplo del padre inflexible, frío, distante, sin expansiones emocionales que puedan ponerle en riesgo y siempre áspero en el trato familiar. Si bien Franz tuvo la suerte de que su padre no se fuera a comprar cigarros lo abandonase, las comodidades no compensaron la falta de compresión y/o apoyo paterno.

A la izquierda Franz Kafka y a la derecha, su padre Hermann. Fuente: Cuarto Literario

En ese sentido, Kafka creció escuchando los constantes reproches de Hermann, quien no perdía oportunidad para siempre restregar en las narices de sus “más favorecidos” hijos la extrema pobreza y las penurias que había tenido que soportar.

“Es desagradable escuchar a padre hablar con constantes insinuaciones sobre lo afortunada que es la gente hoy en día y los padecimientos que hubo de soportar él en su juventud. Nadie niega que, durante años, por falta de ropa de abrigo, tuviera llagas abiertas en las piernas, que pasara hambre ni que con apenas 10 años tuviera que empujar un carro de pueblo en pueblo (…); pero lo que no hay forma de hacerle entender es que estos hechos (…) no conducen en absoluto a la conclusión de que yo haya sido más feliz que él”

Franz Kafka vivió agobiado por los ‘métodos educativos’ de su padre, a quien no podía contradecir en nada y de quien recibía castigos que recordaría para toda su vida (1999, p.4).

Cada desdén era como el golpe de un hacha para el pequeño Franz. Fuente: Kafka, de Robert Crumb y David Z. Mairowitz

Impacto en sus obras

Kafka expone en “Carta al padre”, con una sinceridad brutal, su sentimiento de abandono y frustración ante la poca valoración de sus “triunfos” al que se veía sometido por la actitud indiferente de su padre. Así, decía: “(…) Como padre, has sido demasiado fuerte para mí, y más teniendo en cuenta que mis hermanos murieron siendo niños y mis hermanas nacieron ya mucho después, de modo que hube de cargar con ello yo solo, para lo que era demasiado débil”.

Aparte de esa obra póstuma, se puede decir que la literatura kafkiana en general plasma la influencia de la tensa relación amor-odio con su padre en dos niveles: la perspectiva del mundo de sus personajes y la trama de sus historias.

En cuanto al primero, se muestra una atmósfera fatalista y pesimista del mundo en donde los personajes fracasan o terminan mal. Estos no pueden solucionar sus problemas satisfactoriamente y su conclusión suele ser enigmática o sinsentido. De esta manera, podemos observar que estos comportamientos contradictorios son análogos a los desarrollados por Kafka con su padre: aun sabiendo que nunca obtendría una aprobación de sus actos, él no desiste de actuar e intentar demostrar su valía.

Cuando Franz Kafka se despertó después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un insecto. Fuente: Rogelio Naranjo

En relación con lo segundo, la relación padre-hijo en su obra se ve representada en las tramas y relaciones entre los personajes. De ese modo, Kafka describía en cierto modo a sus personajes tal como su padre lo había hecho sentir a él: como un insecto (“La metamorfosis), como un hombre que se defiende sin saber de qué se le acusa (“El proceso”) o como un hijo que cumple las decisiones de su padre por más arbitrarias que sean (“La condena”).

Por todas estas razones, el escritor temía y odiaba a su progenitor, pero al mismo tiempo lo veneraba y admiraba. Esta dualidad en la relación no es exclusiva de él, muchas personas también lo sienten así, ¿eres tú uno de ellos? Felicidades, podrías ser el Kafka del siglo XXI.

Bibliografía:

Kafka, F. (1999). Carta al padre y otros escritos. Alianza Editorial.

Edición: Cristóbal Contreras