[…] “Si se confiara al diablo el poder de la vida pública no imaginaría nada más ingenioso”

Simone Weil en su libro “Notas sobre la supresión general de los partidos políticos”

Con miras a pensar en la reconstrucción política de la Francia de la postguerra, Simone Weil realizó una crítica bastante radical hacia los partidos políticos en 1940. Una crítica que- para algunos- podría haber sido una posible solución ante la incertidumbre y el escenario de crisis que ha vivido nuestro país. Esta propuso la disolución total de partidos porque veía que sus fines y medios no concebían nada bueno. Sin embargo, las críticas hacia la autora sugieren una solución abstracta, pero ¿Sería la más idónea?  A continuación, Voz Actual te contará de los sustentos de su propuesta y las críticas hacia ella.

IDEAS DE LA SUPRESIÓN

Como se mencionó previamente, la filósofa defiende la idea de erradicar los partidos para conseguir el bienestar público y para ello se basó en tres críticas.

En principio, Weil nos dice que la democracia y el poder de la mayoría no son el fin sino el medio para conseguir bienes esenciales: la verdad, la justicia y la utilidad pública. Estos medios deberían estar arraigados a un requisito: el no estar sometidos a pasiones al momento de expresar la voluntad colectiva.  Sin embargo, los partidos políticos representarían un problema porque son “una máquina de generar pasión colectiva” y no dan garantía de alcanzar esos bienes, ni para alcanzar alguno- tan grande- como para salvaguardar su existencia. Esta sería su primera crítica.

La segunda crítica se basa en el verdadero fin de un partido ¿demuestra ser el bien común? Para Weil el último fin de estos sería su propio crecimiento sin límites mientras más curules mejor. El que lleguen a alcanzar la mayoría en el parlamento implica la facilidad con la que pueden aplicar un programa electoral sin recurrir a negociaciones #FuerzaPopular2011. Si se entiende de esta forma, el crecimiento es vital para la realización de sus “promesas”.

La tercera crítica es acerca de la disciplina dentro de un partido. Para la autora, una doctrina dentro de un partido constituye “un arma para matar en las almas el sentido de la verdad y la justicia”. Si un miembro rompiera las directrices del partido y votase diferente a lo acordado sería aleccionado ¿o no? En este punto, se hace un símil con la iglesia profana sometida a la amenaza de la excomunión. La idea de buscar la verdad queda reemplazada con acomodarla con un discurso preestablecido. Es así como se dejan de juzgar los temas según la “luz de la razón” y se empieza a tomar la postura de acuerdo con las doctrinas del partido.

La filósofa  cree que si una persona llegara al poder con sus propias ideas y sin tener perturbación alguna de su juicio podría convivir mejor con los otros y así el fin del bien público sería más factible . Dadas estos argumentos ¿apoyarías la solución de Weil?

UNA DEMOCRACIA DÉBIL

Aunque puede llegar a sonar atractiva la idea de erradicar a los partidos, la propuesta de Weil tiene ciertas inconsistencias. En principio, se sugeriría votar sin pasiones, pero esta retórica es contraria a la naturaleza humana: no existe un voto inmaculado a lo Descartes. Solo las pasiones desmesuradas son las que nublan el juicio y el debate público.

Ahora ¿en realidad existe una disciplina tan radical en los partidos? En nuestro país sí se han dado casos de sanciones disciplinarias por discrepancias internas: desde las fisuras del partido fujimorista que llevaron a la renuncia de 21 congresistas, hasta el poder que ahora delega el jefe del partido en el actual gobierno. Sin embargo, desde un punto de vista general, los sistemas electorales se han vuelto “más proporcionales” y se han propuesto herramientas como la democracia interna en los partidos, donde la deliberación existe o “debería”.

Vladimir Cerrón, presidente del partido oficialista Perú Libre

Dado que la democracia directa es muy costosa, la existencia de partidos cumple un papel importante en la democracia representativa -como la que existe en nuestro país- para personalizar intereses. Estudios afirman que estos son esenciales para el desarrollo de la democracia y desprenden beneficios siempre y cuando estén institucionalizados. Es a eso lo que se debería apuntar: un aumento progresivo de la institucionalización. Tarea que también involucra a los ciudadanos; puesto que, el voto popular debería estar dirigido a propuestas institucionales.

La solución weilliana, si bien puede parecer abstracta, apunta a establecer las condiciones de una verdadera democracia. El instar a los ciudadanos y gobernantes para que, de manera crítica, orienten sus acciones al bienestar común. Llevar los intereses de los de abajo hacia arriba sería más fácil si es que los que están implicados en la vida política no actúen radicalmente bajo las condiciones de una doctrina partidaria autoritaria.

Editado por Raisa Escudero.