En la literatura, el teatro o el cine, las historias pueden conectar y trasmitir mensajes poderosos al público. Las más osadas escarban en nuestra propia identidad, cultura o creencias. Como una generación más cosmopolita, en Latinoamérica ha prosperado incluso más un sentimiento de fraternidad que nos ha vuelto el público perfecto para cierto arquetipo narrativo: el underdog.

Identificarse con el otro es clave para una buena relación y, pese a sus grandes diferencias en cultura e historia, entre los distintos países de Latinoamérica, hay un sentimiento de comunidad por la identificación mutua. Surge por varias razones, entre las que destaca una muy simple: día a día tenemos y vivimos problemas similares. Desde pobreza, desigualdades, centralismo, inestabilidad política, inseguridad ciudadana hasta tráfico. La misma pandemia ha destapado estos últimos años más semejanzas que barreras entre vecinos. Como compañeros exhaustos, es más fácil notar las semejanzas que las diferencias.

Pero, como gran contrapeso, también compartimos un gran optimismo. Según el Informe global de emociones de la consultora Gallup1 en 2018, los países latinoamericanos dominaban la lista de países donde los adultos “experimentaron más experiencias positivas diarias”. Por otro lado, los investigadores del Informe mundial de la felicidad2 (ONU, 2018) destacaron que, pese a no resaltar en índices como pobreza o desigualdad, la región es “inusualmente feliz” al darle una gran valoración a sus relaciones personales que son “abundantes y genuinas” #LAFAMILIA. Así, pese a los oscuros y grises, en esta región, el esfuerzo, la fraternidad y la positividad son elementos muy compartidos y fomentados en nuestra cultura. Carnavales, aniversarios, días festivos o el cumpleaños de la abuelita, los latinos siempre tienen una razón para festejar.

-Frases como “toda Latinoamérica unida” sonaron con mucha frecuencia durante estas Olimpiadas. Hubo mucho apoyo mutuo y espíritu deportivo. Un ejemplo es el abrazo entre Ángelo Caro, representante de Perú en skateboarding, y su compañero brasileño Kelvin Hoefler.  (Foto de la trasmisión de Claro Sports).

Ahora ¿qué es un “underdog”? El termino parece originar de las peleas de perros (el perro de abajo) y tiene un uso deportivo para referirse al equipo o jugador perdedor, pero en la narrativa va más allá. Underdog refiere a personajes que, a diferencia de héroes épicos casi perfectos, muestran no solo algunas, sino muchas debilidades. Es más, se trata de auténticos perdedores en marcada desigualdad, a comparación de otros personajes, que deciden enfrentarse a fuerzas demasiado grandes que pueden tomar distintas formas: las instituciones, los enemigos, la sociedad, su propia conciencia, etc. No obstante, el underdog logrará dar la talla, superar expectativas o incluso triunfar pese a las adversidades. Ese es su mayor atractivo.

David es uno de los underdogs más famosos y antiguos que enfrenta en clara desigualdad al gigante Goliat.

Pero tal vez lo más importante del underdog moderno es que no caen en la trampa de la victimización o “romantización”. Sus desdichadas condiciones no se tornan en algún momento positivas o envidiables. Como en la vida real, dichas condiciones formaron el carácter y la vida de muchos personajes, pero siguen siendo indeseables para el prójimo. Además, una interpretación así sería generalizar y restar mucho mérito al individuo. Son adversidades que al inicio superan a los personajes, pero, después de invertir suficiente esfuerzo y compromiso, son los personajes los que sobrepasan las circunstancias. Vemos cómo pierden mucho para después triunfar y prevalecer por ellos mismos, imagen que conecta y genera empatía con sociedades enteras, incluyendo, por supuesto, a las latinas.

Tanto Jane Eyre (del libro y película homónimo), Rocky Balboa (de Rocky) o Bilbo Bolsón (de la saga del Señor de los anillos) nos muestran protagonistas que juntan sus mayores esfuerzos para alcanzar sus objetivos.

Desde una perspectiva de recompensas3 ante opciones desiguales, resulta más gratificante apoyar al underdog, a aquel con desventajas, en lugar de aquel que claramente podría ganar. Algo típico en el deporte. La sorpresa, la emoción o la satisfacción es mayor que ir a lo seguro. Lo seguro y predecible puede matar el interés, mientras que el riesgo lo aviva. Aplicando esta lógica a uno mismo implicaría tomar riesgos, aceptar desafíos y emociones para poder alcanzar esa satisfacción que parecía inalcanzable, en lugar de mantener el statu quo. La llamada aptitud emprendedora característica de la región en búsqueda del ascenso social y el progreso es un reflejo de este deseo profundo de superar las adversidades. Por ello conectamos con el underdog, con el desvalido, pero apasionado. Tanto en ficción como en la realidad.

La remontada de Sifan Hassan en los 1500 metros fue uno de los momentos más emblemáticos de las Olimpiadas 2021 justamente porque llegó a estar en una gran desventaja al caer.

Abrazar esta mentalidad y reflexionar sobre esta permitirán reconocernos aún más como aliados y disfrutar mejor tanto de historias como experiencias que nos impulsen en el día a día. Luchas interminables ante la adversidad sin dejar de rendirse, como un underdog.

Editado por Paolo Pró

Fuentes:

Robert McKee. El guion (1997).