Cine comercial, concursos vacuos, chismes diarios, fama efímera, fanatismos ciegos, farándula excesiva, música sin significado, prensa sensacionalista, series sin sustancia, streaming adictivo, vida fútil: Una descripción no exacta pero cercana de lo que rige el entretenimiento actual de nuestra sociedad y que constituye la denominada “Civilización del espectáculo” presentada por Mario Vargas Llosa en su libro homónimo publicado hace ya más de 10 años. Ahora, ¿cuáles son los efectos de este tipo de cultura del entretenimiento en la sociedad actual?

Vargas Llosa define a la civilización del espectáculo como “(…) un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal (…)”. Valga aclarar, él no está en contra del humor, la diversión o el hedonismo en sí; pero cuando ello se convierte en el centro de nuestras necesidades, termina por convertirse en un problema cultural.

Publicada el 2012, pero relata un tema aún vigente. Fuente: Casa de la Literatura Peruana

En ese sentido, el escritor señala que “la cultura de nuestro tiempo propicia y ampara todo lo que entretiene y divierte, en todos los dominios de la vida social, lo cual acarrea una absoluta confusión de valores”.

De esta manera, arguye que los íconos o modelos sociales actuales se determinan básicamente por razones mediáticas. Ya no son las ideas, la conducta, las hazañas intelectuales y científicas, sociales o culturales, las que hacen que un individuo gane el respeto y la admiración de sus contemporáneos, sino las personas más aptas para ocupar las primeras planas de la información, así sea por los goles que mete, los millones que gasta en fiestas o los escándalos que protagoniza. #futbolistapromedio(?)

Así, podemos reconocer tres consecuencias que nacen de esta tendencia: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y la proliferación del periodismo irresponsable basada en el escándalo.

La banalización de la cultura

El autor enfatiza que la cultura se ha vuelto cada vez más superficial y trivial en la civilización actual. La banalización se manifiesta en la preferencia por contenidos vacíos de significado y entretenimiento instantáneo en lugar de obras y creaciones que desafíen nuestro intelecto y enriquezcan nuestra comprensión del mundo. Este enfoque hacia una cultura banal conlleva a una pérdida de valores y una falta de profundidad en nuestras interacciones y experiencias cotidianas.

Un ejemplo claro de ello es la proliferación de reality shows en la televisión. Programas como “Keeping Up with the Kardashians” o “Jersey Shore” se han vuelto extremadamente populares, pero carecen de contenido significativo y promueven una cultura centrada en la fama instantánea y la exposición mediática sin mérito alguno.

Y a nivel local, Perú no es la excepción. Estos programas fomentan la adoración de la superficialidad en lugar de celebrar el arte, la literatura o la música con verdadero valor cultural. Recordemos que la cultura, además del enriquecimiento del espíritu, crea individuos libres y felices, desarrolla la capacidad de pensar y el espíritu crítico. ¿Los contenidos recientes disponibles en los medios masivos cumplen eso?

La máxima representación de la “cultura peruana” en los últimos años: una tuerca (?). Fuente: Youtube

La generalización de la frivolidad

La búsqueda constante de la diversión y la gratificación instantánea ha llevado a una cultura de la superficialidad y la evasión. Es decir que, en lugar de enfrentar los desafíos intelectuales y emocionales, muchos optan por distraerse y evadirse en actividades y entretenimientos triviales. Lo cual ha generado una falta de compromiso y un distanciamiento de los temas y problemas importantes que requieren reflexión y acción. Por ejemplo, ante una elección de autoridades ¿cuántos de nosotros leemos las propuestas de gobierno de todos los candidatos?

Un ejemplo claro de esto se puede observar en el uso masivo de las redes sociales y la obsesión por compartir aspectos triviales de la vida cotidiana. Las publicaciones constantes de selfies, comida o actividades sin relevancia real reflejan una cultura centrada en la apariencia y la búsqueda de validación superficial. La importancia exagerada que se le da a los “me gusta” y los seguidores contribuye a la trivialización de las relaciones humanas y el cultivo de una sociedad preocupada más por la imagen que por el contenido.

Nunca falta la persona que sube en redes su “experiencia única” de ir a un Starbucks. Fuente: Getty Images

La proliferación del periodismo irresponsable

Asimismo, Vargas Llosa critica el auge del periodismo irresponsable centrado en el sensacionalismo, la chismografía y el escándalo. En lugar de buscar informar y promover un análisis crítico de los acontecimientos, los medios de comunicación se han volcado hacia historias superficiales y sensacionalistas que buscan captar la atención del público sin importar la veracidad o las consecuencias. Esta tendencia ha erosionado la confianza en los medios y ha generado una sociedad mal informada y manipulada por la propaganda y la desinformación de forma sesgada.

Un caso famoso es el fenómeno de las “fake news” o noticias falsas. En la era de la información rápida y masiva, se han difundido numerosas historias falsas y sensacionalistas a través de plataformas digitales y redes sociales. Estas noticias falsas generan confusión, manipulan la opinión pública y distorsionan la realidad.

¿Lincoln tiene razón? ¿Qué crees?… wait, ¿Lincoln siquiera dijo eso? #Sarcasmo. Fuente: Twitter

Estos ejemplos ilustran cómo la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y la proliferación del periodismo irresponsable de chismografía y escándalo están presentes en nuestra sociedad actual, afectando la calidad de nuestras interacciones, la forma en que consumimos información y nuestra capacidad para profundizar en temas importantes.

Ahora bien, en última instancia, cada uno de nosotros tiene la capacidad de resistir la civilización del espectáculo y buscar un equilibrio entre el entretenimiento y la cultura sustancial. Al tomar decisiones conscientes sobre cómo invertimos nuestro tiempo y qué contenido consumimos, podemos contribuir a la creación de una sociedad más crítica, reflexiva y culturalmente rica. ¿Estás dispuesto a asumir este desafío y cuestionar los valores predominantes de la civilización del espectáculo?

Edición: Anel Ochoa