En una clase de quinto de secundaria cualquiera (digamos del Perú), se plantea debatir acerca de qué carrera estudiará cada uno. Para iniciar la discusión, el profesor le pregunta a un alumno al azar: 

– ¿Qué quieres estudiar? 
– Economía – responde el alumno. 
– ¡Muy bien! Pero, cuéntanos: ¿por qué quieres ser economista?
– Bueno, es que … después de estudiar Economía creo que tendré la capacidad suficiente para entender las implicancias que la coyuntura económica acarrea y con ella podré tomar mejores decisiones en cualquier actividad de negocios en la que me quisiese involucrar. 
– ¡Suena interesante! (?) Pero sigo sin entender. Te pregunte por qué quieres ser economista, y tú me has respondido lo que ser economista te va a permitir hacer. ¿Para qué quieres poder hacer todo eso?
– Para ganar plata – contesta el alumno, al fin, tras dudar un momento.
– ¿Y para qué?
– Para ser feliz. 
Un economista con afanes lingüísticos podría respaldarlo diciendo que: “ser feliz es ser productivo, etimológicamente, ¡y el salario real es igual a la productividad marginal! (?)”

Un economista con afanes lingüísticos podría respaldarlo diciendo que: “ser feliz es ser productivo, etimológicamente, ¡y el salario real es igual a la productividad marginal! (?)”

Lo anterior es un simplificación exagerada del proceso de elección de una carrera universitaria, aunque perfectamente legítima ante los ojos comunes. ¿Se puede realmente afirmar que el motivo principal de elección de una carrera de un adolescente confundido es exclusivamente el retorno que espera obtener? De hecho, no.

Según lo que he podido ver en Ponte en Carrera y lo que me han dicho mis tíos en reuniones familiares, ¡el valor presente de que me dedique a romperle el oído a la gente con mi desafinada voz cantar es negativo!

Según lo que he podido ver en Ponte en Carrera y lo que me han dicho mis tíos en reuniones familiares, ¡el valor presente de que me dedique a romperle el oído a la gente con mi desafinada voz cantar es negativo!

(Knoth Humlum, J.Kleinjans, & Skyt Nielsen, 2007) argumentan justamente que el enfoque económico tradicional que busca explicar la elección de una carrera universitaria mediante los retornos a la educación (quiero estudiar algo para ganar plata) no puede explicar, por ejemplo, por qué una persona con altas habilidades puede escoger estudiar una carrera que pague poco. Lo que se deja de lado es perfectamente intuitivo: además del ingreso esperado luego de terminar una carrera, las personas optan por una profesión considerando que esta configura la identidad personal. Es decir, la profesión no constituye meramente un instrumento: “yo estudié Administración”; sino, es una forma más en que las personas buscan responder a la pregunta de ¿quién soy yo?: “yo soy administrador”.

Lo que queda a materia de debate es por qué la configuración de la identidad personal influye sobre la elección de una carrera, pues hay dos corrientes de explicaciones que se contraponen: i) una idealista según la cual las personas escogen una carrera porque la materia de estudio “les gusta”, porque les brindará herramientas para ayudar a los demás, porque les permitirá consolidar un legado, etc; y ii) una más cínica, según la cual se escoge estudiar algo por la pura legitimidad que te brindará el cartón (de graduado), al margen de que se tenga un interés por la carrera o no. Este último caso suele asociarse con un ejemplo perfecto de inconsistencia dinámica: a los 17 dices que quieres estudiar una cosa para legitimarte, pero unos años más tarde no te gusta y te arrepientes…

“Y ahora…¿Qué hago?”

En resumen, detrás de la elección de una carrera universitaria están presentes tanto un factor económico (¿cuánto voy a ganar?), como un factor de configuración de la identidad personal (responder a la pregunta ¿quién soy yo?) que puede ser explicado por un argumento idealista (“me gusta lo que estudio”) como por uno cínico (“quiero el cartón”). Aunque la importancia relativa de estos dos factores es sumamente discutible e inherente a cada uno, la presencia de ambos a la hora de elegir una carrera es difícil de refutar.

¿Por qué, entonces, en las charlas informativas se habla tanto de lo que estudiar algo te permite hacer y cuánto podrás ganar haciendo eso? ¿Por qué no se trata de por qué se debería querer estudiar propiamente ese algo y se considera así al factor de configuración personal? ¿Por qué no se dan relatos más humanos de proyectos personales a partir de la elección de una carrera universitaria más a menudo? ¿No nos estamos confundiendo innecesariamente y complicando más la decisión con este enfoque? ¿No nos deberíamos exigir una respuesta más completa que la del alumno cualquiera del comienzo? Si se instruye a los futuros estudiantes a decidir tomando en cuenta sólo el factor económico, se les está estimulando a lanzar una moneda al aire…

Si sale cara, estudio Ingeniería; sello, estudio Administración. Tienen retornos parecidos (?)

Si sale cara, estudio Ingeniería; sello, estudio Administración. Tienen retornos parecidos (?)

Y en ese proceso de puro azar surgen casos de idealistas con un gran potencial para contribuir en la sociedad pero que no saben muy bien qué hacer y por la mala guía conforman un grupo de talento perdido, como de cínicos que buscan la legitimidad del cartón de graduado pero que luego se dan cuenta de que detestan lo que estudian y se arrepienten, u otros ejemplos que están en un punto medio entre ambos.

PD (Información extra): 

La teoría del cartón (argumento cínico) aplicada al caso puntual de los limeños está brillantemente explicada en este TED talk:

Vale la pena verlo completo porque es un excelente análisis de la sociedad peruana actual. Pero si les da lataquieren ver el argumento del cartón directamente pueden buscarlo en el minuto 5:50.

Lo discutible es si estudiar por el cartón debería formar parte del argumento de configuración personal o ser un punto completamente aparte. En mi opinión, aunque de manera indirecta y no tan clara como en el caso del motivo idealista, la búsqueda del cartón sí constituye un intento de configuración personal, aunque defenderlo probablemente sea más difícil.

Bibliografía:

Knoth Humlum, M., J.Kleinjans, K., & Skyt Nielsen, H. (2007). An Economic Analysis of Identity and Career Choice. University of Aarhus. Bonn: IZA.

 

Pd: Si te gustó este artículo, síguenos en fb www.facebook.com/vozactual