A más de un año de estar en crisis sanitaria por el coronavirus, millones de personas están siendo vacunadas en todo el mundo. Esto parece ser la luz al final del túnel, pero ¿si salimos de este túnel solo para entrar a otro? La posibilidad de vivir otra pandemia en el futuro es muy real y el cambio climático podría ocasionarla, pues este fenómeno afecta el surgimiento y la propagación de enfermedades infecciosas. En este artículo te contaremos cómo el cambio climático puede traer nuevas pandemias.

Primero, entendamos qué es el cambio climático. Este fenómeno comprende una serie de cambios acelerados en la temperatura y humedad promedio del aire, en patrones de precipitación, en la intensidad y frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos como ciclones tropicales, entre otros. Tales cambios alteran los hábitats de muchas especies de animales. ¿Qué tiene que ver esto con las pandemias? Los animales son vectores de enfermedades y hospedadores de enfermedades zoonóticas, es decir, enfermedades que pueden ser transmitidas de animales a humanos. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, se estima que el 75% de enfermedades infecciosas nuevas son de origen zoonótico. El cambio climático, al desestabilizar los ecosistemas, también altera la distribución geográfica de los animales, sus patrones reproductivos y las interacciones entre especies. Así, las enfermedades que cargan estos animales migran con ellos a nuevas regiones, los periodos de mayor contagio de algunas enfermedades se prolongan y las nuevas interacciones entre especies incrementan el potencial de que los virus y bacterias crucen la barrera entre especies y se desarrollen enfermedades emergentes (¿suena familiar?). El Programa de la ONU para el Medio Ambiente identificó al cambio climático como uno de los siete agentes inducidos por la acción humana responsables del surgimiento de nuevas enfermedades zoonóticas.

Según un estudio publicado en PNAS, el cambio climático incrementará la población en riesgo de contraer Malaria, enfermedad transmitida por el mosquito Anopheles. Fuente de la foto: CDC

El cambio climático también afecta los brotes y contagios de enfermedades de varias otras maneras. Por ejemplo, con el aumento de temperatura del planeta proliferan algunos microorganismos que generan enfermedades gastrointestinales. Investigadores de la universidad Johns Hopkins concluyeron en un estudio que cuando la temperatura del aire en Lima subió 5 grados por encima de la media durante El Niño del ‘97, las hospitalizaciones por diarrea se duplicaron. Además, durante esta pandemia hemos aprendido a lavarnos las manos frecuentemente y mantener una buena higiene para combatir enfermedades. Pero ¿y si no hay agua limpia? o peor aún ¿si simplemente no hay agua? El cambio climático extiende y prolonga las sequías, reduce la disponibilidad de agua en el planeta y disminuye la calidad del agua, exacerbando así condiciones de vida insalubres y propiciando el contagio de diversas enfermedades. Además, los eventos meteorológicos extremos y el aumento del nivel del mar obligan a mucha gente a migrar. Estas personas desplazadas muchas veces terminan hacinadas en campos de refugiados con sistemas sanitarios deficientes, lugares ideales para el brote y el contagio de enfermedades infecciosas.

Mujeres desplazadas por las sequías en Somalia. Fuente de la foto: UNHCR/Siegfrid Modola

Otro problema que trae el cambio climático es el derretimiento de los glaciares y el permafrost (suelo permanentemente congelado) en el Ártico, algo que potencialmente podría abrir una caja de pandora de enfermedades infecciosas. Dentro de los glaciares y el permafrost hay virus y bacterias atrapados y preservados gracias al frío y la falta de oxígeno que este ambiente provee. Al derretirse el hielo y descongelarse el suelo a causa del calentamiento acelerado de los polos, estos agentes infecciosos que han estado inactivos por cientos o miles de años podrían recircular y enfermedades que consideramos erradicadas podrían resurgir. Jean-Michele Claverie, un reconocido virólogo francés, y su equipo de 13 investigadores descubrieron en un estudio que al “revivir” un virus que había estado atrapado en el hielo siberiano por 30,000 años, este aún era infeccioso. Por suerte aquel virus sólo infecta amebas, pero Claverie y su colega Abergel temen que el calentamiento global pueda liberar otros virus aún infecciosos y que esto suponga una amenaza para la salud pública. Aunque no hay un consenso en la comunidad de microbiólogos y epidemiólogos en cuanto a la dimensión potencial de este problema, el riesgo de que se generen brotes infecciosos es real y merece nuestra atención. Por ello, un colectivo internacional de investigadores escribió una carta abierta a la OMS en la que urgen a que se hagan más estudios paleo-microbiológicos. A pesar de que este problema es más teórico y supositivo que aquellos mencionados anteriormente, más vale prevenir que lamentar.

Si en algo estamos de acuerdo todos los peruanos es que esta pandemia es un evento histórico que no queremos repetir con ninguna otra enfermedad infecciosa. El cambio climático no es el único factor que favorece al surgimiento y los contagios de enfermedades, pero definitivamente es uno de los más importantes. Recomiendo escuchar al Dr. Bernstein, director del Center for Climate, Health, and the Global Environment de la Universidad de Harvard, cuando dice “Tenemos muchas razones para tomar acciones frente al cambio climático para mejorar nuestra salud, y reducir los riesgos de nuevos brotes de enfermedades infecciosas es una de ellas”. Hoy más que nunca informémonos y tomemos acción. Frenemos el calentamiento global y desaceleraremos el cambio climático. No queremos más brotes, epidemias ni pandemias en el futuro.

Editado por: Andres Ordenes