Hace algunos días, el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, anunció su renuncia al cargo, la cual se haría efectiva el próximo 2 de agosto. Además, anterior a esta renuncia, también dimitieron miembros de su gabinete. Esta crisis en el gobierno puertorriqueño se desencadenó tras la revelación de casi 900 páginas de un chat privado (al mismo estilo de la Bancada Fujimorista y “La Botica”), en el cual junto a altos miembros de su gobierno compartían burlas, comentarios homofóbicos, sexistas y misóginos sobre compañeros políticos, celebridades, entre otros, en un escándalo que muchos han llamado ‘RickyLeaks’. Expresiones como “p***” o “HP” a adversarias políticas y mensajes cargados de burlas homofóbicas acerca de contrincantes políticos eran el común denominador de estas conversaciones, que se enviaron entre diciembre de 2018 y enero de 2019. La publicación de este chat causó tal revuelo que miles de personas salieron a las calles a exigir la renuncia de su gobernador y, finalmente, lo consiguieron.

Puerto Rico botó a su presidente por unos chats (Y nosotros a nuestro congreso, ¿para cuando ?)

Puerto Rico botó a su presidente por unos chats y acusaciones de corrupción (Y nosotros a nuestro congreso, ¿para cuando ?)

Más allá de los ‘RickyLeaks’…

Sin embargo, esto no ha sido más que la gota que derramó el vaso para el pueblo puertorriqueño. El descontento de la población tiene su origen en otros problemas de fondo, que incluso preceden al mandato de Rosselló. La crisis económica que vive la isla, la relación del país con Estados Unidos, y la crisis de los partidos políticos tradicionales.

Desde el 2006, Puerto Rico ha estado enfrentando una crisis económica de la cual todavía no ha podido salir. Ese año, el Congreso de EE. UU decidió suspender el acuerdo que permitía a las empresas estadounidenses establecerse con ciertos beneficios tributarios, lo que generó la salida masiva de las compañías del país y provocó el inicio de la crisis. Desde entonces, miles de puertorriqueños han emigrado a otros países buscando nuevas oportunidades, debido a los elevados índices de desempleo y pobreza, la elevada deuda y/o falta de fondos del gobierno.

Por tal motivo, en el 2016, Estados Unidos dispuso un mecanismo para la restructuración de la deuda, que en ese entonces ya ascendía a los 70 mil millones de dólares, a manos de una ‘Junta federal de supervisión’. Esta iba a tomar decisiones respecto al presupuesto del país, en lugar de la gobernación, que hasta ese momento cumplía con esa función. Ello generó incomodidad en las autoridades locales como en la población, dado que lo han considerado como una intromisión en los asuntos internos de la isla.

En ese contexto, Ricardo Rosselló inició su gobierno a comienzos del 2017, al cual no le quedó mayor opción que declarar a la isla en bancarrota. Por otro lado, la llegada del huracán María en septiembre de ese año empeoró el escenario para el gobierno, pues este se quedó con aun menos recursos para paliar los efectos del desastre, que hoy todavía son visibles en la isla. Es así como también el gobierno perdió legitimidad por su incapacidad de poder reaccionar ante los estragos que dejó el huracán María. Además, las constantes acusaciones de corrupción a sus funcionarios hacen cuestionarse si un nuevo gobierno logrará recobrar la confianza de la población.

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La crisis económica, el régimen de ‘Estado Libre Asociado’, en conjunto con la compleja relación con Estados Unidos, y la ineficiencia del gobierno para enfrentar los estragos del huracán no han hecho más que incrementar el malestar de la población puertorriqueña, malestar que finalmente llegó a su punto más álgido con la filtración de los chats de Rosselló.

¿Qué esperar a partir de ahora?

Con la renuncia de Rosselló, es la primera vez que un gobernador dimite en la isla, por lo cual, de acuerdo con la Constitución de Puerto Rico, debería ser el secretario de Estado quien sustituya al gobernador. Sin embargo, Luis G. Rivera renunció a su cargo debido a su vinculación con los cuestionados chats. Por tanto, la persona que seguiría para ocupar el cargo sería la Secretaria de Justicia, la abogada Wanda Vázquez Garced. No obstante, la abogada tampoco ejercería el cargo, ya que declinó, enfrentada a una creciente impopularidad en la población. Lo que hace preguntarse si existe alguien en Puerto Rico que pueda satisfacer las expectativas de los protestantes y crea incertidumbre de lo que pueda pasar después del 2 de agosto.

¿Qué lecciones podemos aprender de esta situación?

Fuera de que, y salvando las distancias, tanto nuestro país como Puerto Rico están atravesando crisis políticas que probablemente lleve a elecciones prematuras para ambos, lo que podemos rescatar de lo ocurrido en Puerto Rico es la lección de civismo que han dado sus habitantes. Sin el uso de la violencia, y solo armados de arengas y música, el pueblo puertorriqueño ha demostrado que un pueblo puede participar activamente en la vida política de su país, y ser capaz de cambiar aspectos  con los cuales no se sienten representados (gracias Bad Bunny que dejaste de dar conciertos para ir a protestar). Asimismo, demuestran que la población tiene el poder de iniciar el proceso de ‘limpieza’ de la corrupción en la que está sumergida gran parte de Latinoamérica.

 

Editado por: Pierina Paytán