Sentémonos un rato.

Ya estuvo bueno el griterío, los insultos y malas gracias. Estamos de acuerdo, al menos, con que se trata de un tema delicado, así que tratémoslo de esa manera.

Es importante primero, que aclaremos que a nadie le gusta abortar. Es una experiencia que (te doy la razón) hay que evitar. Todos deberíamos usar métodos anticonceptivos, hay tantos… Pastillas anticonceptivas, inyecciones, parches, condones y me quedo corta; y encima el Estado los da gratis.

Toda la razón, estimado pro-vida. Pero a veces, no llegan.

No llegan las pastillas, no llega información de cómo usarlas. No llegan condones gratuitos decentes. No llega mamá a hablar de sexo, porque eso es de grandes y no preguntes cochinadas. No hay una Iglesia que enseñe a protegerte en una relación sexual como parte de amarse a uno mismo, sin ser apedreado. No conozco profesores que expliquen que cuidarse no es sinónimo de abandonar el placer, pero sí de libertad y respeto.

Es ingenuo creer que todos entenderemos un mensaje que no llega a la mayoría, solo porque vivimos la fortuna de haberlo recibido. No pretendamos que la población sepa algo que no se enseña.

En nuestro país, nos guste o no, todos los días abortan más de mil mujeres. (Niñas No Madres, 2017) Y aunque cito la fuente, pretendiendo que me creas, sé que en realidad es imposible contarlas. Entendemos que al ser ilegal, difícilmente podremos tratar con cifras acertadas y lo más probable es que ese número se supere abismalmente.

¿A quién engañamos, compañero pro-vida? Los anuncios de “atraso menstrual” no ofrecen medidas seguras. El sencillo hecho de estar leyendo estas líneas ya te hace parte de la élite de nuestro país, y una mujer que esté decidida a no convertirse en mamá, tomará las medidas a las que pueda acceder, incluso si eso significa perder la vida intentándolo.

Que estas jóvenes no pertenezcan a nuestro círculo social no las hace inexistentes. Son miles.

Y por si todo lo mencionado fuera poco, es un hecho que los números de embarazo no deseado no han decrecido en décadas, y más bien, parecen ir aumentando con el paso de los años. Estoy de acuerdo con que digas que hay muchas otras opciones: adopción, métodos y demás, pero tampoco veo que ello suceda. No es coherente obstaculizar una medida que busca parchar las consecuencias directas de tantas fallas educativas, brechas culturales y tabúes.

Pero en realidad, lo que tú y yo creamos no importa.

Me disculpo por titular este texto “conversaciones”, cuando no pretendo que sea bidireccional en lo absoluto. He leído lo suficiente como para entender que seguir peleándonos por Facebook no va a solucionar nada. No se trata de ti o de mí, de lo que diga nuestro Dios o la moral… Nunca nos vamos a poner de acuerdo, vivimos bajo diferentes formas de entender el mundo.

Pero, la legalización del aborto va más allá de nuestras creencias. Son derechos: estamos hablando de algo meramente político, no metafísico.

Cuando se trata de cuestiones que involucran a una sociedad justa, no tiene sentido basarse en las creencias personales. Jamás habrá acuerdo en ellas. No vale la pena que siga intentando convencerte de cuando inicia o no la vida, mientras tantas se pierden en el entretiempo. Dejemos estas discusiones para nuestra formación de la moral, para desarrollar nuestra espiritualidad o ¿por qué no? ayudarnos para tomar decisiones en nuestra vida privada, pero no para construir el orden social y convivir con la diferencia del otro. (Sztajnszrajber, 2018)

Mientras uno crea poseer la verdad, no habrá cabida para la democracia. Hagamos política, no metafísica.

 

Bibliografía:

Niñas No Madres. (2017). Informe Vidas Robadas. http://ninasnomadres.org/wp-content/uploads/2017/03/Informe-Vidas-Robadas-final-febrero-2017.pdf.

Darío Sztajnszrajber (2018) El aborto es una cuestión política, no metafísica https://youtu.be/s32DtKi0QQs