El movimiento hippie de los 60 fue revolucionario para un país cuya religión parece ser el negocio. Nueva York estaba lleno de poderosos empresarios en trajes italianos y amas de casa vistiendo Chanel, mientras que en California se respiraba un aire nuevo celebrando una serie de valores opuestos a esos a los que ahora nos referimos como “conservadores”. La contracultura había nacido y crecía más rápido que cualquier rascacielos neoyorkino.

Los movimientos por los derechos civiles ya hacían ruido y para el 63 el mundo vio a los afroamericanos marchar en Washington por libertad y trabajo. Ese mismo año las feministas ven surgir los frutos de su lucha cuando Kennedy firma la Ley de Igualdad Salarial. En el 64 los campus de las universidades americanas se llenan de estudiantes protestando en contra de una guerra que parecía interminable y para 1970 las fotografías del mundo tomadas desde el espacio serán evidencia de la celebración  del primer “Día de la Tierra”.

Protesta en Washington contra la guerra de Vietnam. 15 de Noviembre de 1969

La esperanza del progreso llenaba el sentir de un nuevo y renovado sueño americano donde el amor y la paz se convirtieron en himno. Pero esta nueva ola liberal olvidaba algo: que se desenvuelve en un ambiente que celebra el consumo por encima de todo. Un contexto que no solo te permite satisfacer tus necesidades sino también tus preferencias; pues todo puede ser vendido, así que la contracultura también puede ser consumida. Y tal cual MadMen los astutos publicistas de Madison Avenue se percataron de la demanda y se aseguraron de satisfacerla: empieza la historia del fin del Gran Imperio Hippie de Occidente

Como en el capitalismo cualquier cosa se puede volver un producto, la herencia cultural de lo que fue la contracultura sigue existiendo en la generación del “yo”. Puede que el fenómeno del consumismo obsesivo se haya hecho evidente en los 70, y celebrado incluso antes por los poderosos empresarios cuya Biblia son las novelas de Ayn Rand, pero hasta el día de hoy no ha parado e incluso se ha globalizado: te apuesto que tú también tienes una mascarilla con diseño. Los bancos cambian sus fotos de perfil en las redes a logos con la bandera LGTB detrás y las denuncias en twitter surgen: “a estos banqueros no les importan los trabajadores”, irónicamente olvidando que si le deben dar gracias al capitalismo por algo es de hecho por la existencia misma de Twitter. Y así la relación amor-odio que tiene este mundo liberal con el modelo económico que le da cabida se hace evidente.

La contracultura murió y ahora solo es la cultura. El capitalismo se la comió el segundo en que los jeans superaron en venta a los trajes, el día en que los Beatles llenaron el Shea Stadium, el día que Santana la rompió en Woodstoock estando en pleno viaje psicodélico, y por último (mi favorito) el día que el icónico comercial “Hilltop” de una famosa bebida azucarada salió a la luz anunciando un nuevo mundo:

Bienvenido a los 70, aquí la paz mundial tiene por símbolo a Coca Cola.

Escribe: Daniela Alarcón

Edición: Paolo Pro

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