Pintura, escultura, arquitectura, música, danza, literatura y artes escénicas—también llamadas bellas artes—siempre han estado estrechamente relacionadas con una valoración humana, pues se les considera un reflejo del conocimiento, cultura y virtud de un artista o sociedad. La globalización ha expandido el acceso al arte y la búsqueda por su adecuada apreciación. La discusión del disfrute y la calidad del arte ha formado bandos que defienden su valoración “objetiva” o “subjetiva”, pero ¿por qué está necesidad para con el arte? ¿Hay una posición correcta?

Toda persona busca actuar o calificarse como “correcta”, ya sea valorando un rasgo propio o aspirando a replicar otros”. Esta conducta natural de “valorización del ser” parte en descomponerse e interpretar los elementos que componen el “yo”: los comportamientos, las habilidades, las dudas, los conocimientos, las experiencias y (¿por qué no?) los gustos. Es por eso que se ha discutido mucho sobre cómo definir la “información” para formar e interpretar adecuadamente el conocimiento y, por extensión, la realidad misma (Fernández, 1994). Así las personas quieren “ordenarse” a sí mismos y buscan “ordenar” el arte. Pero cuando la definición misma del “arte” ha sido muy conflictiva porque cada uno encuentra bello cosas distintas, también es complicado darle un valor. ¿Tiene sentido siquiera la existencia de un “juicio estético” correcto?

¿Existirá orden entre tanto caos?

El deseo por la interpretación verdadera del arte fracasa porque intenta “medir” la obra bajo ciertos parámetros, mientras niega otros de sus aspectos igual de importantes.Tanto interpretaciones objetivas, (basadas en la teoría y la técnica), como subjetivas (referentes al aspecto emocional de una obra) fallan en apropiarse del arte porque entre ellas mismas no hay un consenso o interpretaciones “únicas y absolutas” (Fernández, 1994). ¿Cómo mides la belleza o una emoción?

¿Arte?

El arte no es un dato estático, sino una producción que también implica una experiencia emocional en la que su interpretación va más allá de solo lo visual y lo técnico. Piensa en lo que te hace sentir tu música favorita, por ejemplo. ¿Todos sienten lo mismo al escucharla? Pese a la identificación “objetiva” de elementos, sin importar qué tipo de obra sea, o si el público posee el mismo conocimiento; la valoración y las interpretaciones finales variarán entre individuos en mayor o menor medida debido a su sensibilidad ante ella (Álvarez, 2007).  No es lo mismo interpretar tu cultura con una cultura extranjera o una del pasado por más conocimientos que tengas. Desde épocas pasadas, se buscaba justamente que una obra sea interpretada subjetivamente bajo el conocimiento, la mentalidad o las experiencias de cierto público con una sensibilidad particular ante sus elementos (el arte egipcio, griego, incaico, etc.).

La idea de “negar” la medición absoluta del arte no es caer en la riesgosa subjetividad absoluta tampoco. La “ilusión del subjetivismo” reduce al arte a una cuestión de orgullo y gustos en la que cada persona puede proclamar que algo es arte y valorarse a sí mismos por consumir dicho arte (Álvarez, 2007). Parafraseando al filósofo Baruch Spinoza: “Algo no te gusta porque lo consideras bello, lo consideras bello porque te gusta”.  Kant, como respuesta a la amenaza del relativismo, plantea el “ejemplo” de que, pese a ser un objeto particular, contiene una verdad universal que le da ese valor de regla. Este sentido de “universalidad” comprensible entre todo ser racional —si bien no está del todo libre de la subjetividad pues dependerá de quien proponga el ejemplo—, es lo suficientemente consistente para ser la base de la teoría y la técnica artísticas que conocemos en la actualidad.

El propósito del conocimiento artístico, que en principio parece objetivo, es comprender y explorar esas “verdades universales” que generan las percepciones subjetivas del arte. Se busca separar los elementos de una obra y preguntar: ¿por qué A causa la emoción 1 y no la 2?; ¿A se parece a B?; ¿qué emoción causaría si fuera diferente? Es así como podemos referirnos a aspectos “objetivos” con cierto grado de medición en el arte, sin embargo, su relevancia está en lograr un tipo de reacción subjetiva. La teoría del color, los planos cinematográficos, la escritura de personajes y los tiempos musicales no son solo “reglas aburridas”, buscan hacerte sentir algo en particular que agrega valor a la obra (inmersión, emotividad, adrenalina, etc.).

No hay una fórmula para “producir” arte, pero tampoco es algo libre y sin bases. El arte es una creación para la interpretación humana, donde lo definido o lo universal se estrechan profundamente con lo personal y lo emocional. Saber valorar ambos aspectos permitirá comprender, explorar y disfrutar mejor el arte. Es técnica, es propósito, es ejecución y es emoción.

Editado por Paolo Pró

Bibliografía

J. Carlos Fernández-Molina (1994). ENFOQUES OBJETIVO Y SUBJETIVO DEL CONCEPTO DE INFORMACIÓN. Revista española de documentación científica.

Luis Álvarez Falcón (2007). La «indeterminación» en el arte. Astrolabio. Revista internacional de filosofía Núm. 5.