Los invisibles

No se necesita una capa invisible como la de Harry Potter para pasar desapercibido hoy en día. En nuestro querido Perú hay personas que la pasan muy mal, y es fácil taparnos los ojos y olvidarnos de ellos. En este artículo, coincidentemente el de diciembre  —mes de regalos y encuentros, tiempo de alegría y compartir con seres queridos— recordemos a algunos grupos a los cuales no solemos ver (advertencia: no son seres mitológicos, sino tan humanos como nosotros).

Trata de personas

Redes de traficantes de personas ubican a las más vulnerables –por pobreza extrema, abandono familiar o abusos previos– y con engaños las atrapan y explotan, sexual y/o laboralmente. Inhumano. Según el Índice Global de Esclavitud (IGE), se calcula que se tendría unas 200,000 víctimas en el Perú, uno de los países con más casos  en la región. El problema se centra en zonas de minería ilegal como Madre de Dios, región con el mayor número de casos de explotación sexual; pero también se da en ciudades como Lima, en la cual mujeres son traídas con mentiras desde el interior del país, para ser explotadas, ya sea sexualmente o para realizar trabajo doméstico en condiciones de semi-encierro, sin respetar sus derechos.

Una simple búsqueda en Google mostrará múltiples noticias al respecto y desgarradoras historias que muestran la crudeza de esta realidad. Mientras unos celebramos el regreso del Perú al mundial, otros viven “secuestrados”, sin opción de una vida mejor.

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¿Qué hace el Perú por estas víctimas?

Trabajo infantil

Mientras muchos tuvimos la suerte de tener una niñez en la cual nuestras mayores preocupaciones eran el colegio, los amigos y el último juguete en venta; existe otro grupo de niños que, además de estudiar, también deben trabajar. Y no son pocos. Según una estimación del INEI, en el 2015 se calculó que trabajan alrededor del 20% de menores de 14 años.  Para muchos es una cuestión de necesidad, es la manera de apoyar a sus padres para salir adelante día a día.

(Extracto "Corazón” - Edmundo de Amicis)

- Hoy es día de mucho trabajo, te lo aseguro -añadió Coretti (11 años)-; por eso tengo que hacer los deberes de clase a ratos y como pueda. Estaba escribiendo las oraciones gramaticales que nos ha mandado cuando tuve que parar para despachar lo que me pedía la gente... Tengo las piernas que no me las siento, y las manos hinchadas. Menos mal que no he de hacer ningún dibujo. ¡Para eso estoy yo ahora! -y mientras hablaba iba barriendo las hojas secas y las pajillas que rodeaban el montón.

- ¿Y dónde haces los deberes, Coretti? -le pregunté.

- Aquí no, desde luego -respondió-; ven a verlo.

En seguida me llevó a una habitación en el interior del almacén, que servía de cocina y de comedor, con una mesa a un lado, donde había libros y cuadernos y estaba el trabajo empezado.

- Precisamente aquí -dijo- he dejado en el aire la segunda respuesta: con el cuero se hacen zapatos, cinturones ...; ahora añadiré maletas. - Y, tomando la pluma, se puso a escribir con su buena caligrafía.

- ¿No hay nadie? -se oyó gritar en aquel instante a la entrada del almacén.

- Allá voy -respondió Coretti. Y salió de allí. Pesó la leña, la cobró y corrió a un lado para apuntar la venta en un cuaderno. Después volvió a su trabajo escolar (…)



Niño

¿Qué hace el Perú por estos niños?

Prisioneros

Es un tema controversial, porque solemos ver en la prisión una especie de venganza (sino pregúntenle a Popy Olivera). Pero no podemos olvidar que la mayoría de prisioneros tiene historias generalmente muy duras, que son personas ignoradas y estigmatizadas, con sentimientos, sueños y deseos. Son humanos. No podemos meter a todos en el mismo saco. Según el censo penitenciario del año pasado, la mitad de los presos sufrió maltrato físico en su niñez y el 60% no terminó secundaria, principalmente por problemas económicos o familiares. El lugar donde pasan las 24 horas del día está sobrepoblado y en pobres condiciones. Allí pasarán Navidad.

Pero no todo está perdido. Bonita iniciativa del Ministerio de Educación para trabajar en los penales:

Fácil es culpar al Estado de todos los problemas, pero más díficil es reconocer que nosotros también nos olvidamos con frecuencia de otros peruanos. ¿No podemos hacer nada? Sí se puede: empecemos matando la indiferencia.

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