Es difícil ser indiferente frente a una persona que muere de hambre o que no puede pagar un tratamiento médico. Somos muchos los que nos preocupamos por la pobreza, pero en vez de hacer algo al respecto esperamos que el siguiente gobierno sea más efectivo en sus políticas públicas e ignoramos el problema. Muchos no sabemos qué hacer o tememos darle ese sol al niño de la calle porque tal vez se lo dará al adulto que lo explota. Es una preocupación tan presente en el mundo y, sin embargo, ¿cuántos pueden decir realmente que están apoyando a la lucha contra la pobreza? ¿Es en realidad tan difícil hacerlo?

Hace poco me topé con el filósofo moral Peter Singer y su interesante perspectiva sobre nuestra obligación con los pobres. En el presente artículo hablaré sobre su libro La vida que puedes salvar (2010) a modo de reseña y recomendación. Él plantea la siguiente pregunta: ¿qué hacer con nuestro dinero si queremos vivir de modo ético?

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Primero, entremos en contexto: 1,400 millones de personas viven en extrema pobreza en el mundo. Al día, 27,000 niños mueren por causas que podrían ser evitadas. En los países ricos, 1 de cada 100 niños menores a 5 años muere; mientras que en los más pobres el ratio aumenta a 1 de cada 5 niños. Al año 18 millones de personas mueren innecesariamente (Singer, 2009).

Con esto en mente, Singer plantea la siguiente situación: si ves a un niño ahogándose a unos metros de ti, pero para salvarlo arruinarías tus zapatos nuevos y llegarías tarde al trabajo, ¿lo salvas? Creo que todos responderían que sí. ¡¿Quién escogería unos zapatos sobre la vida de un niño?!

Ahora pensemos en la siguiente situación: casi todos compramos cosas que no necesitamos. Desde chicles o galletas hasta ropa extra. Mientras, los 18 millones personas mueren innecesariamente, muchas veces por no tener suficiente dinero para pagar tratamientos médicos; es decir, la pobreza los mata. ¿Y si en vez de comprar estas trivialidades donáramos ese dinero a organizaciones que se dedican a combatir la malaria o el sarampión? Según Singer, el utilizar ese dinero en algo innecesario cuando puedes salvar vidas con él es equivalente a seguir de largo e ignorar al niño ahogándose. No sentimos tanta culpa porque no lo vemos a nuestro lado, ¿pero hay en realidad alguna diferencia?

Singer nos plantea la siguiente incógnita: ¿realmente estamos viviendo éticamente si gastamos nuestro dinero en pequeñeces cuando al año mueren millones de personas? Si bien al consumir estimulamos la economía y se crearán más empleos a largo plazo, estamos dejando morir a personas que en este momento podríamos ayudar—como dejar al niño ahogarse esperando que en el largo plazo haya muchos más niños. Es más, agrega que donar en el acto es más valioso que invertir dinero y donar más adelante, ya que cuanto más tardemos en abordar los problemas sociales, más se agravan. En consecuencia, también aumentarán los costos para tratar de solucionar los mismos.

18 millones de muertes innecesarias son mayores que la cantidad de muertes en la Segunda Guerra Mundial. Y solamente en un año. Si sumamos las muertes innecesarias de los últimos veinte años obtendremos una cifra mayor a todas las causadas por las guerras civiles e internacionales y todas las represiones gubernamentales del siglo veinte (Singer, 2009). ¿Realmente estamos viviendo éticamente si podemos prevenir muertes sacrificando algo que no necesitamos?

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Pero, ¿qué tanto puede ayudar el ahorro de unos jeans o unas galletas? El costo de salvar a un ser humano oscila entre 200 y 2000 dólares americanos. Además, hay muchas formas baratas de ayudar. Por ejemplo, suministrar filtros de arsénico para el agua cuesta 3.33 dólares americanos por familia. Entonces, Singer propone que cada uno se ponga una meta de donar un 5% de su ingreso anual y que los superricos donen aún más.

Sin embargo, no toda donación es efectiva. Incluso cierto tipo de ayuda puede ser perjudicial, ya que puede crear dependencia. Singer también aborda este problema sugiriendo que escojamos organizaciones que destinen menos del 20% de sus ingresos en gastos administrativos y que muestren cómo gastan el dinero. También recomienda el portal web GiveWell, donde se pueden encontrar rankings de las organizaciones más efectivas del mundo.

Recomiendo este libro a todos aquellos que quieren ayudar, pero por falta de tiempo o información no saben cómo. Mucha gente le ha encontrado un sentido a sus vidas por medio de la ayuda y caridad. Después de todo, ¿qué mejor recompensa puede haber que reducir el sufrimiento en el mundo?

Editado por: Daniela Cáceres

Fuente:

Singer, Peter (2009). The Life You Can Save. New York: Random House.