A casi dos meses del inicio de la cuarentena por el coronavirus, asistimos silenciosamente y encerrados entre cuatro paredes (ya neuróticos por tanto tiempo en nuestras casas) a lo que parece una acelerada descomposición de la sociedad peruana. El largo encierro ha puesto en evidencia las carencias de nuestra sociedad, carencias que los últimos cinco gobiernos democráticos (Toledo, García, Humala, Kuczynski y el mismo Vizcarra), con su llamado “piloto automático”, no pudieron, o tal vez no quisieron, arreglar. Es que ha sido siempre más fácil ver crecer el PBI, construir un par de puentes y tapar algunos baches en las pistas que reformar la educación, mejorar el sistema de salud o hacer las reformas políticas necesarias para generar una mayor confianza en el sistema democrático. Esas reformas toman tiempo en mostrar resultados, no aumentan la popularidad inmediata del gobierno de turno y no generan réditos electorales. ¡Dejemos que el sector privado se haga cargo, nos decían!

Hoy, tenemos un gobierno que parece despertar y que con las grandísimas limitaciones heredadas (en las que participó), y décadas de dejadez, está haciendo lo mejor que puede. Martín Vizcarra fue responsable y eligió la vida antes que la economía (hay que tener las cosas claras. Ya sabes, pulpín libertario seguidor de Milton Friedman: la vida de las personas vale más). Esta decisión, como supimos desde un inicio por los infinitos análisis y el ejemplo de otros países, iba a tener un efecto muy fuerte sobre la economía. Hoy ya lo vemos: de acuerdo con la última encuesta de IPSOS, el 42% de los peruanos manifiesta haberse quedado sin trabajo debido al Estado de Emergencia[1]. Hoy por hoy, el hambre cunde por las ciudades, los mal llamados “caminantes” buscan regresar a sus regiones de origen después de haber perdido sus empleos (lo cual generó una migración de retorno nunca antes vista), diversos sectores de la economía han visto cómo sus ingresos se han reducido prácticamente a cero, y los hospitales están a punto de colapsar (sino han colapsado ya). Se piensa que el PBI podría caer hasta en dos dígitos este año.

El coronavirus ha puesto al límite al sistema de salud peruano.

Los graves efectos que la crisis del coronavirus está teniendo sobre la sociedad, nos están mostrando las carencias que el Perú tiene en diversos sectores esenciales (salud, educación, político, sistema previsional, etc.). Voz Actual, nos muestra dos ejemplos de la descomposición de nuestra “comunidad imaginada” (si es que alguna vez existió):

1) Tirarse abajo la Reforma Política: la poca fe en el sistema democrático, ha permitido que el Congreso (sí, aunque parezca broma, otra vez el Congreso) trate de socavar la reforma al sistema electoral que tanto costó aprobar el año pasado (y eso que esta vez el Congreso no es fujimorista). Aunque esta era una reforma incompleta y perfectible (todos lo sabíamos), ya hay un consenso para suspender uno de los mayores avances: las elecciones primarias abiertas[2]. Estamos en riesgo de que se elija nuevamente “a dedo” a los candidatos dentro de los partidos. Incluso se coqueteó con la idea de alargar el mandato presidencial, pero Vizcarra dejó claro que él se iba, sí o sí, el 28 de julio de 2021 (debe estar harto).

2) Dicotomía de malos y buenos: una peligrosa narrativa se ha posicionado como centro del debate nacional: la disyuntiva entre ricos y pobres, malos y buenos, explotadores y explotados y un largo etcétera. Esta disyuntiva, por ejemplo, se puede observar en propuestas como la del “impuesto solidario” o impuesto a la riqueza, que ha generado muchísima controversia. Más allá de que en tiempos de crisis un impuesto reduce el gasto agregado de la economía (según el economista Carlos Parodi) y que la definición de riqueza es todavía muy polémica (un departamento en Pueblo Libre comprado hace 10 años podría costar 1 millón de soles y no significa que su propietario sea millonario), muchas personas están atacando a los ricos “egoístas” por no querer “poner el hombro” por su país.

Martín Vizcarra, anunció un impuesto a la riqueza, pero aún no se sabe exactamente si grabará los ingresos o los bienes.

Pareciese que todo está mal, ¿no? Pero tampoco es así (uf, ya estaba buscando sacar mi “Green Card”). Aunque nos encontramos, innegablemente, en una crisis, estamos mejor preparados para afrontarla que nunca antes en la historia nacional. Décadas de responsabilidad fiscal nos han dado la holgura financiera necesaria para poner en práctica el plan de estímulo más ambicioso de América Latina (¡amamos a Toni Alva y Julito Velarde!), en pocas semanas multiplicamos varias veces el número de camas en UCI y la cantidad de pruebas realizadas para descartar COVID-19 es mucho mayor que en países vecinos. Como podemos ver, cuando nos proponemos algo, los peruanos somos capaces de hacerlo. Nos toca pues reflexionar: ¿queremos salir adelante o que nuestro país se descomponga? Depende de nuestra respuesta y una nueva forma de participación del Estado en la economía, el futuro de nuestro país.

Editado por: Isabela García


[1] https://rpp.pe/politica/gobierno/coronavirus-covid-19-el-42-de-los-peruanos-manifiesta-haberse-quedado-sin-trabajo-por-el-estado-de-emergencia-segun-ipsos-noticia-1259946

[2] https://larepublica.pe/politica/2020/04/29/coronavirus-en-peru-en-el-congreso-hay-consenso-para-suspension-de-elecciones-primarias-abiertas/