¿Qué hubiera sucedido con la humanidad si se nos hubiera negado la vista al cielo nocturno, a las estrellas? ¿Acaso los griegos, egipcios y mesopotámicos hubieran descifrado las estaciones del año? ¿Acaso Copérnico hubiera tenido la evidencia necesaria para probar que la Tierra no es el centro del universo?

Fuente: National Geographic

Afortunadamente para ti y para toda la tecnología que te rodea, el cielo nocturno siempre ha estado ahí para quienes han tenido la curiosidad de observarlo. Sin embargo, la llegada de nuevos satélites artificiales a la órbita terrestre podría poner en jaque a la astronomía como la conocemos y cerrar las puertas de la bóveda celeste.

Estos satélites han merodeado la órbita terrestre desde hace más de sesenta años y,  hasta hace poco, no habían interferido con las observaciones de los astrónomos, ya sea porque eran muy pequeños o porque eran muy pocos. No obstante, cada vez hay más empresas y países que deciden lanzar sus propios satélites con fines comerciales, comunicativos o militares. Estos, pese a ser útiles para el desarrollo presente, podrían perjudicar el desarrollo científico futuro.

Fuene: EOM

Para comprender mejor cómo estos artefactos dificultan la observación de estrellas, imagina que buscas una aguja en un pajar. Bastante difícil, ¿verdad? Ahora imagina que buscas una aguja en un pajar mientras alguien apunta una linterna directamente a tus ojos. En otras palabras, los satélites reflejan la luz solar hacia los telescopios terrestres y los saturan. Este problema se ve acrecentado con la llegada de proyectos como las constelaciones de satélites, ya que, como su nombre indica, estos consisten en lanzamientos de una cantidad gigantesca de satélites en órbita (cientos).

El primer caso alarmante fue el de la MEGA constelación de satélites Starlink, de más de 3000 satélites, que inició su despliegue en órbita en 2019 y cuyo fin es ampliar la cobertura de internet. Antes de lanzamiento, la empresa responsable, SpaceX, había asegurado que los satélites serían imperceptibles para los telescopios. Durante el lanzamiento, los astrónomos protestaron por las 3000 «estrellas falsas» que confundían a los telescopios en tierra. Actualmente los astrónomos no reciben detalles acerca de la manufactura de los satélites y se espera la llegada de 30.000 más, cortesía de Elon Musk.

Fuente: Urgente Ayacucho

El caso más reciente es el del satélite BlueWalker 3. Cual caballo de Troya, este satélite llegó a órbita como un objeto pequeño e inofensivo. No obstante, recientemente se desplegó para formar una superficie de 64 metros cuadrados (para comparar, los satélites de Starlink eran más pequeños que un refrigerador) que refleja con suma intensidad la luz solar. Además, el satélite emite ondas que interfieren con las de los radiotelescopios, telescopios que detectan ondas de radio. Este satélite es tan luminoso que los telescopios lo registran como una estrella relativamente cercana al sistema solar. Y sí, tal como temías, BlueWalker 3 es solo 1 de los 3200 satélites que espera sacar Blue Origin, cortesía de Jeff Bezos

Es importante resaltar que cuando decimos «los astrónomos protestaron», «los astrónomos están preocupados», etc. no nos referimos a tu tío el aficionado que saca su telescopio en una noche despejada; nos referimos a los profesionales de la astrofísica y astronomía que extraen conocimientos de las estrellas. Este no es un problema solo para los astrónomos, sino para todas las personas que luchan por el conocimiento. Que un astrónomo no pueda estudiar las estrellas es equiparable a que un médico no pueda estudiar el cuerpo humano. Sin el objeto de estudio, no hay conocimiento.

Para finalizar, seguramente habrá algún lector que piense: «pero la astronomía no sirve de nada, mejor que nos den internet gratis. ¡Viva SpaceX!» siempre hay un listo. Sin embargo, la astronomía ha tenido muchísimas aplicaciones tanto a corto como largo plazo. No solo por los descubrimientos de los científicos, sino por la tecnología que estos crean en el camino. Me gustaría recordarle a este lector algunas de las principales contribuciones del último siglo de la astronomía a su vida: computadores portátiles, redes satelitales (también veo la ironía), el microscopio, los tratamientos contra el cáncer basados en antimateria, las imágenes por resonancia magnética y un largo, pero que muy largo, etcétera. Incluso la sartén en tu cocina utiliza cerámica vitrificada, que se fabricó por primera vez para ser usada en telescopios. Todos estos conocimientos se obtuvieron observando tan solo el 5% de lo que existe en el universo. ¿Qué más podremos descubrir si seguimos explorando?

Edición: Isabella Solimano