Se dice que los mejores inventos son los que nacen por necesidad y que la tecnología más eficiente es muchas veces también la más simple. Para enfrentar el cambio climático y la disminución de agua que este trae consigo es posible que tengamos que recurrir a tecnología hidráulica preincaica. ¿Quién habría dicho que construir la capital del Perú en un desierto sería mala idea?

Debido a su posición desértica y a las bajas precipitaciones, Lima depende de los ríos Chillón, Rímac y Lurín para abastecerse de agua. A su vez, el caudal de estos ríos depende de los nevados y glaciares en la cima de los Andes. El constante aumento en la población limeña y el retroceso y desaparición de nevados en nuestra cordillera podrían ocasionar una escasez catastrófica de agua en Lima si no se mejora la administración de la misma.

Al igual que el nevado Yanamarey muchos otros tienen los días contados.

Al igual que el nevado Yanamarey muchos otros tienen los días contados.

Lima pierde una enorme cantidad de agua durante las épocas de lluvia especialmente durante el fenómeno del Niño, cuando el cauce de los ríos aumenta descontroladamente y causa inundaciones. Por otro lado, durante la temporada seca Lima experimenta un déficit de 42.84 millones de metros cúbicos (MMC) de agua de acuerdo al estudio de Forest Trends en el 2016. Para enfrentar este problema, un grupo de investigadores del Imperial College London sugieren echar un vistazo al pasado y seguir las enseñanzas que nos dejaron los pobladores preincaicos.

Aquí podemos aprecia el enorme aumento en el caudal del Rímac durante la temporada de lluvias (Enero-Abril).

Aquí podemos aprecia el enorme aumento en el caudal del Rímac durante la temporada de lluvias (Enero-Abril).

En el distrito de Huamantanga, ubicado en la provincia de Canta, los civiles han recuperado y reconstruido los canales utilizados para la técnica del “mamanteo” o en otras palabras, “sembrar agua arriba y cosecharla más abajo”. La técnica consiste en captar el agua de lluvias desde quebradas y transportarla mediante canales a lo largo de la ladera de la montaña hasta zonas de rápida infiltración. De esta forma, el agua ingresará al subsuelo y fluirá cuesta abajo hasta resurgir en fuentes naturales como manantiales. Gracias a que el flujo de agua subterránea es mucho más lento que en la superficie (le toma al agua en promedio 45 días resurgir), el mamanteo permite tener agua disponible en los manantiales que fluye hacia los arroyos aún durante la temporada seca, aumentando el flujo de estos entre un 3% hasta un 554%.

(1-4) Canales de diversificación e infiltración. (5) Zona de infiltración. (6-7) Manantiales y estanques. Imágen de Nature Sustainability (2019)

(1-4) Canales de diversificación e infiltración. (5) Zona de infiltración. (6-7) Manantiales y estanques.
Imágen de Nature Sustainability (2019)

En base a los datos obtenidos en Huamantanga, los científicos realizaron un modelo matemático para averiguar qué impacto tendría la aplicación del mamanteo a gran escala en el río Rímac. Ellos calcularon que el índice de recuperación de agua luego de su infiltración es de un 50%. Por tanto, desviando un 34.7% del agua que recibe el Rímac a 4000 msnm (aproximadamente 198 millones de metros cúbicos al año) se podría obtener un incremento de 33% en el cauce del Rímac durante los primeros meses de la temporada seca comparado con el nivel que se tiene actualmente. 

La suma del mamanteo junto a proyectos convencionales de retención de agua reduciría considerablemente la preocupación limeña por el agua en el futuro. Aplicar esta técnica junto al uso adecuado de los 600 millones de dólares que se recibieron del Banco Mundial para el proyecto de captación de agua anunciado por el ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento lograría reducir el déficit de agua durante las temporadas secas y volver más autosuficiente a Lima. Pues en palabras de Jonathan Acuña, miembro de Aquafondo: “Los limeños siempre van a tener agua, pues siempre habrá un lugar como este de donde traerla; pero deben entender que aquí (Huamantanga) también la necesitan mucho y que es preciso medir el uso”.

Edición: Daniela Cáceres.