La Navidad es uno de los principales motivos de reunión familiar en nuestro país. Católicos o no, creyendo en Papá Noel o no, uno sabe que en Nochebuena volverá a estar con quien no vio por mucho tiempo. Es por eso que la noche del veinticuatro es especial para nosotros. Pero, ¿es especial para todos?, ¿para todos los peruanos?

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De diversas formas se celebra la Navidad en nuestro país. Unos se reúnen, algunos viajan y otros después de mucho se reencuentran. Mientras los más pequeños contagian su emoción a los que ya crecieron, todos los familiares y amigos se encuentran compartiendo anécdotas, logros y todo tipo de comidas. Sin embargo, no todos los niños del Perú se encuentran esperando las doce en punto de la misma forma, lamentablemente.

Es cierto que hay personas valientes y serviciales que pasarán Nochebuena defendiendo que nosotros la pasemos bien. Doctores, bomberos y policías son solo unos memorables ejemplos. Pero, ¿cómo pasan esta noche los niños que no merecen tener una Navidad de la forma que acostumbran? Tan solo en Lima, un gran número de niños la pasará acompañando a sus padres en las calles de Mesa Redonda para tratar de vender los juguetes que les gustaría recibir o para ofrecer los cohetecillos que no pueden encender. Problemas como la informalidad, la minería ilegal, el narcotráfico o la inseguridad ciudadana, no se detendrán por este día. Incluso, algunos pueden intensificarse, como el primero, por ejemplo.

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Si nos adentramos en nuestra geografía, varios son los ejemplos en los que la Navidad no representa un día especial para muchos de los pequeños peruanos. En el mejor de los casos, llega a ser un día normal para ellos. Por un lado, los niños del VRAEM, sin importar si sus padres son los buenos o los malos, solo desearán que para la cena ellos puedan llegar a salvo. Más lejos aún, algunas niñas de las zonas más recónditas de Madre de Dios, solo desearán que sus mamás sean liberadas al menos esa noche de quienes abusan de ellas y del medio ambiente. Asimismo, los niños intoxicados por un proyecto minero mal regulado solo desearán poder comer lo que su comunidad haya preparado para ellos. Finalmente, las poblaciones vulnerables sin agua ni luz, difícilmente cuenten con estos servicios en este día, cuando no los tuvieron el resto del año. Recordando y lamentando, la lista puede seguir aumentando, departamento por departamento.

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Cada problema de nuestro país circula por los medios de comunicación con una frecuencia, intensidad y duración diferente. Si bien se mencionan a los afectados de tales circunstancias, ¿cuánto énfasis se hace sobre los niños? No la necesaria, a mi parecer, para generar la suficiente conciencia en todos nosotros. Sin embargo, para la noche de este veinticuatro, las noticias se centrarán en la celebración de la Navidad: la mejor receta, el mejor champagne, los fuegos artificiales en Oceanía, y más cosas que ya sabemos que veremos de nuevo. Esto no significa que dejen de suceder los problemas anteriores. Por lo tanto, menos aún, recordaremos lo suficiente a los niños que padecen de ellos.

La Navidad debería ser feliz para todos, aunque es difícil que sea así. Sabemos que es un gran y agradable momento para estar más cerca de los nuestros y recordar lo afortunados que somos por celebrar Nochebuena. Sin embargo, también es una gran oportunidad para ser conscientes, una vez más, de las repercusiones de nuestras decisiones políticas. Presumo que comprendemos mejor que nos equivocamos al elegir no por recordar cuántos millones de soles se pierden cada año, sino por cuántos niños no resultan felices en fechas como esta. No nos olvidemos de ellos, una vez más.