Últimamente la atención está puesta en el fiscal Pérez y en Alan García (¡no te escaparás de la justicia!); pero mientras tanto, alejada de todo ruido, la vida continúa en las comunidades campesinas rurales peruanas. El país tiene una gran deuda con ellos y nos faltan estrategias claras para pagarla.

Desde una reforma agraria muy tardía y deficiente (los últimos en América Latina), pasando a los terribles acontecimientos del periodo de violencia interna, y  hasta la continua estigmatización y discriminación contra la población andina e indígena: la población en el sector rural ha sufrido mucho. De hecho, si eres del sector rural tienes 3 probabilidades más altas de ser pobre y 11 veces más de ser pobre extremo  (Enaho 2017). Y no son pocos: 1 de cada 5 peruanos vive en el sector rural.

¿Qué se puede hacer? 3 puntos claves para entender el problema y comernos el pleito

1. Educación

La educación es el instrumento ideal para la movilidad social, pero no está funcionando. Cerca del 40% de la población en el sector rural no tiene secundaria completa, y la situación en los colegios tampoco es buena. Si los resultados de la evaluación censal escolar (ECE) de por sí son muy bajos, en el sector rural la situación es completamente crítica, como se puede ver a continuación.

ECE 2 sec

¿Qué hay detrás de los resultados en el sector rural? En mi experiencia en Ayacucho he visto: largas caminatas para llegar al colegio, mala alimentación, alta inasistencia debido al trabajo en el campo, poco apoyo familiar, entre otras dificultades. La apuesta por la educación, en coordinación con otros actores (salud, transporte, gobiernos locales), debe ser mucho más agresiva. La misma gente local es la que puede impulsar el desarrollo rural, pero es difícil con una educación tan deficiente. Se tiene que insistir en la importancia de la educación, y debemos convencer a todos los peruanos de ello. Lo que para algunos nos resulta obvio, para otros no.

Nota adicional: la educación sexual integral debe ser una prioridad. El embarazo adolescente es sumamente alto (23% en el ámbito rural comparado con el 11% en el urbano), así como la presencia de actitudes machistas que limitan el desarrollo personal y profesional de mujeres muy capaces. El enfoque de género promovido por el Minedu es tal vez aún más importante en el sector rural.

2. Descentralización

De las 1834 municipalidades distritales y provinciales en el país, alrededor de 1500 atienden a una población mayoritariamente rural[1]. Claramente estas municipalidades tienen dificultades grandes en la gestión, pero tienen una voz importante para el desarrollo rural. 200 años de centralismo no han ayudado mucho.

El Perú es un país tan diverso, que implementar soluciones únicas y cerradas para los problemas sería disparatado. Peor si se hace todo desde Lima. La población local conoce mejor su realidad. La descentralización nos debería permitir recoger las prioridades de cada localidad, y en base a ello diseñar mejores políticas públicas.

La población local conoce bien sus problemas con el agua, suelo, clima, plagas…

Ojo: Descentralizar no implica entregar todas las funciones y recursos a órganos más pequeños, débiles y con capacidades limitadas (que lo ejecute el nivel de Gobierno que lo haga mejor al menor costo), pero sí es una cuestión de voluntad política para dar el espacio y la voz que corresponde a los gobiernos subnacionales. Ir de la mano.

3. Más educación

Sí, otra vez educación: pero ahora la superior, la cual es capaz de expandir tus horizontes y brindar nuevas oportunidades. Sin embargo, los jóvenes que acceden a esta educación se van del campo y no regresan. Carolina Trivelli y Carlos Urrutia explican bien el problema en su artículo “Jóvenes que se van”: actualmente es casi imposible retener el talento joven para movilizar su energía a favor de una transformación rural. Sin jóvenes no hay innovación, modernización ni desarrollo rural.

¿Qué hacer? Los jóvenes sueñan con la universidad y por eso van a la ciudad. Sin embargo, ya existen una variedad de institutos ubicados en capitales de provincias, más cerca del sector rural. El problema es que no son atractivos ni valorados. Se tiene que trabajar en ello, y un punto importante es brindar la posibilidad de convalidar cursos de institutos para continuar en la universidad, lo cual se aspira lograr con la nueva Ley de Institutos (¡pero hay que ponerse las pilas para implementarla bien!). Así, los jóvenes del sector rural podrían estudiar en un instituto de su provincia, más cerca del campo y sus problemas; y luego continuar en la universidad (los mejores), pero más conscientes de las oportunidades y desafíos del sector rural del cual vienen.

A modo de conclusión

La población del sector rural no cuenta con educación de calidad ni otros servicios básicos, lo cual genera un problema grave de desigualdad de oportunidades. Y cuando se corre una carrera con desventajas, se genera malestar. Tal vez entonces no nos deberían sorprender tanto los resultados electorales en lugares como Cajamarca, Puno u otras regiones andinas, donde la población rural es mayoría. No son “electarados” como dice Mariategui, sino que son personas que la tienen difícil en la vida, y es su modo de canalizar el malestar. Critica a los oportunistas políticos, no culpes a la gente. No sabes lo que han pasado.

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[1] Cifra calculada en base a la clasificación municipal realizado para el Programa de Incentivos a la Mejora de la Gestión Municipal.