La diversidad está en jaque en múltiples ámbitos. Por ejemplo, los brotes de la extrema derecha populista a nivel global, con casos amenazadoramente cercanos, como Jair Bolsonaro en Brasil, y ruidosamente bélicos, como Donald Trump en EUA, ponen en la agenda política de varios países medidas dictadas por la intolerancia de poblaciones azuzadas por el miedo, en desmedro de la aceptación de la diversidad cultural. Recientemente, propuestas similares jugaron un rol significativo en la campaña para las elecciones congresales 2020 en Perú, y ciertas medidas tomadas por instituciones estatales apuntan en la misma dirección: satisfacer a la población peruana que identifica a los inmigrantes como un riesgo. Por si fuera poco, la xenofobia también infecta el trasfondo ideológico de un problema crucial para el siglo XXI: el enorme desplazamiento de refugiados por conflictos bélicos y el cambio climático. La xenofobia, sin embargo, solo es una de muchas amenazas contra la diversidad cultural, y una columna dedicada a la biología no es la más indicada para digerirlas; sobre todo teniendo en cuenta que otros ya se han encargado de desmitificar lo que la xenofobia y la oposición a la diversidad pretenden sostener, con argumentos más adecuados.

Una viñeta auspiciada por el muro de Trump

No obstante, la curiosidad exige encontrar una línea entre la diversidad cultural y la diversidad biológica, en vista de que parte de ambas corre riesgo, en mayor o menor medida, por políticas populistas de cortas miras. Si bien la biología no brinda el enfoque adecuado para derribar los estigmas contra la diversidad cultural, sí existen formas de diversidad que a la biología le corresponde defender. Es posible que visibilizar la conexión positiva que la ciencia ha encontrado entre la diversidad biológica y la vida humana mejore indirectamente la percepción respecto a “la diversidad” en sentido amplio. Es necesario reconocer que no se trata de un argumento fuerte en contra de intolerancia, sino de una simple vinculación bienintencionada. Para ello, a continuación presento tres escalas diferentes a las cuales ha sido posible identificar que la diversidad se asocia positivamente con la salud y el bienestar de los seres humanos (y otros seres vivos): el acervo genético, el microbioma intestinal, y la diversidad ecológica. Diversidad que de una forma u otra contenemos, o nos contiene, incluida la diversidad ecológica que mal que bien contiene e impide la absoluta destrucción de las formas de vida no humanas que nos sostienen.

Karl popper, re-resumido por pictoline

La diversidad genética de las poblaciones humanas

Los seres humanos tenemos un genoma que contiene aproximadamente 20000 genes [1]. Estas 20000 secuencias de ADN se distribuyen en los 23 cromosomas que tenemos duplicados en cada una de nuestras células y cumplen un rol en el “dogma central de la biología” (que ya fue explicado en Univerzoom en este artículo, y tocado brevemente en este otro) como manuales instructivos para la construcción de proteínas. Cada uno de nuestros 20000 genes está duplicado, pues nuestras células contienen 46 cromosomas, por lo general tenemos 2 copias de cada gen. Para algunos genes, sin embargo, las copias no son 100% fidedignas, puesto que una proviene de nuestro padre y la otra de nuestra madre y puede haber pequeñas diferencias entre ellas. Supuestamente ambas deberían cumplir la misma función (dar las instrucciones para construir correctamente una proteína en específico) pero ambas copias pueden diferir ligeramente entre sí. Para algunos genes existen distintas “versiones”, y cada versión se llama alelo. En resumen, cada humano puede tener 2 alelos diferentes o iguales para un mismo gen. El conjunto de alelos que existen en una población (por ejemplo todos los habitantes de Lima, o los de Tangamandapio) se llama acervo genético, y su diversidad es crucial para la supervivencia humana.


¿Por qué es importante la diversidad en la genética humana? Como bien resume esta página del MINAGRI, “la diversidad genética que tienen las especies les permite responder y adaptarse (o no) a las características o cambios en su entorno”. Ser distintos entre nosotros permite que respondamos de distintas formas frente a las mismas condiciones. La utilidad de este fenómeno es evidente, por ejemplo, en la resistencia a ciertas amenazas, como el VIH: un alelo poco frecuente del gen CCR5 hace que las personas sean inmunes al SIDA. La diversidad genética permite que incluso si toda la población se viera afectada por alguna condición fatal, algunas personas tendrían la posibilidad de sobrevivir, y la población humana seguiría existiendo.


La diversidad en la microbiota intestinal

Nuestro sistema digestivo hospeda una enorme comunidad de microbiana, tan numerosa que puede pesar por sí sola hasta 2 kg. Esta comunidad intestinal cumple roles cruciales como la digestión de algunos alimentos, la producción de vitaminas, o la inhibición del desarrollo de organismos patógenos, y cuando se ve alterada su composición, nuestra microbiota puede contribuir al riesgo y la severidad de varias enfermedades.

A pesar de que aún no se han definido las condiciones específicas que identifican a una microbiota saludable, una de las conclusiones más consistentes en diversos estudios es que una mayor diversidad de la microbiota intestinal se correlaciona a individuos más saludables; y por el contrario, una menor diversidad tiene asociación a condiciones médicas como deficiencias inmunológicas o metabólicas. Parte importante de este hallazgo se deriva de las consecuencias de la dieta sobre la microbiota, ya que ciertos cambios, como la disminución del consumo de fibras vegetales en la dieta, tienen un impacto negativo en la diversidad microbiótica. Además, la mayor susceptibilidad a enfermedades luego de un tratamiento antibiótico que diezma la diversidad microbiótica ejemplifica la importancia del cuidado de la microbiota a través de un manejo prudente de la dieta.

En esta área de la biología existen muchas variables externas a los seres humanos que pueden tener un impacto colosal sobre la composición específica de la comunidad microbiana en el intestino, y por lo tanto es complicado determinar causas específicas de los cambios que se observan en un experimento. Sin embargo, el rol del microbioma en la salud y el bienestar humanos es crítico, por lo que las decisiones de nuestro estilo de vida deben ser tomadas pensando también en los 100 billones de tripulantes.

Una analogía: la evidencia indica que una microbiota más diversa puede mantener a raya a microbios patógenos, de una forma similar en la que un barrio más étnicamente diverso e integrado puede incrementar a lo largo del tiempo la tolerancia de sus integrantes afectados por prejuicios étnicos, como se vio en un estudio del 2014.


La diversidad ecológica

Para cualquier ser humano que pretenda vivir en la segunda mitad del siglo XXI tiene que ser evidente el riesgo grotesco que amenaza la vida a raíz del desmesurado crecimiento de la población humana y nuestra insostenible forma de solventarlo a corto plazo. Parte de las consecuencias más chocantes de esta carrera por recursos ha sido el cambio climático, que incrementa las probabilidades de que ocurran desastres naturales que nos aniquilan de a poquitos. Pero un resultado menos evidente es la pérdida de la biodiversidad causada esencialmente por 5 amenazas principales: el cambio climático, la pérdida de hábitats naturales por la expansión de tierras de uso humano, la sobreexplotación de recursos, la contaminación y el mal manejo de especies invasoras. Las 5 amenazas se desprenden predominantemente del crecimiento insostenible de la población humana, y ponen en riesgo los beneficios que la humanidad obtiene del funcionamiento de los ecosistemas saludables, llamados servicios ecosistémicos

Un ejemplo sencillo para entender cómo la pérdida de servicios ecosistémicos nos pone la soga al cuello es el caso de las abejas, las esenciales polinizadoras que mueren por el uso de inadecuado de múltiples insecticidas “inocuos” cuya combinación puede ser fatal. En caso de que desaparecieran todas las abejas, la vida humana se vería afectada por su importancia para la polinización de campos de cultivo. No seríamos amenazados directamente por la hambruna absoluta, en parte, porque algunos cultivos básicos para nuestra dieta (como el maíz) no se verían afectados, y además, porque algunos cultivos podrían seguir siendo polinizados por otros insectos. Si las abejas desaparecieran, dependeríamos más de la diversidad de otros insectos, una diversidad que de por sí ya se encuentra amenazada


Estas 3 formas distintas de diversidad de las cuales dependemos completamente demuestran que tenemos una conexión bastante amplia y necesaria con la “diversidad”. ¿Será realmente tan distinta nuestra relación con la diversidad cultural a la que tantos parecen temerle en nuestros tiempos?


Editado por Diana Decurt

[1] .- En realidad, el genoma contiene aproximadamente 40000 genes, pero solo alrededor de 20000 son “codificantes”, es decir, guardan la información para producir proteínas. Los genes de ambos grupos cumplen roles relevantes en las funciones celulares, sin embargo, es más fácil visualizar el impacto de la diversidad sobre los genes codificantes.